*Hugo José Suárez*
Me llega una agradable invitación: ir a Coquimbo, Chile, a discutir con varios colegas y amigos en el VI Encuentro Latinoamericano de Religión Popular en la Universidad Católica del Norte (1). Además, la agenda tiene varios añadidos, podremos participar de la fiesta de la Virgen de Andacollo, tendremos tiempo para pensar y discutir libremente, me alojaré a la orilla del mar. Y un extra: podré compartir con estudiantes y colegas parte de mis reflexiones sociológicas. Todo cuadra.
Antes de partir, la expectativa crece por múltiples razones. Conozco Chile relativamente bien, de hecho es el país al cual más veces me han invitado en mi vida profesional, pero la mayoría de mis viajes fueron a Santiago y siempre en un contexto universitario. Ahora la visita será a la región norte, que conozco mal, pues sólo fui a Arica desde La Paz -no hay que olvidar que de origen soy boliviano, y que los paceños vacacionamos en aquella playa-. Pero además, podré vivir una inmersión en la fiesta popular sin mediaciones, ir hasta Andacollo (a una hora en transporte privado), observando todo lo que salte a la vista, guiados por el fino y profundo saber de Juan Navarrete, nuestro generoso anfitrión -profesor de la Universidad Católica del Norte- que hace décadas forma parte de uno de los grupos de baile [hermandades o cofradías de poetas populares y músicos danzantes de flauta, tambor y bandera que celebran fiestas religiosas]. Será una ocasión extraordinaria para “trabajo de campo” -fórmula poco elegante para una práctica tan noble-; de hecho hace algunos años que no tuve una inserción de ese tipo, pues mis últimos libros en el último lustro se basaron más en lecturas y reflexiones de gabinete que en sumergirse en lo que la gente hace y dice. Por último, Juan tiene la atinada idea de, en vez de organizar un horario de ponencias de 20 minutos en mesas con un moderador que controla el tiempo, encerrados en un aula, jugando el juego de sentirnos académicos -que es lo que sucede en la mayoría de los coloquios en los que participo-, dejar que las ideas y discusiones se alboroten en un continuum que transita libremente entre las hamacas, las caminatas en la playa, las cenas a la orilla del mar, y por supuesto el aula. Desde que lleguemos hasta que nos vayamos se pretende que no haya una interrupción en el flujo de las ideas, sino una manera permanente de disfrutar y reflexionar a la vez. Ya alguna vez había vivido ese tipo de diseño que articula diálogo, placer, discusión, conocimiento, convivencia sin cortes. Habrá que ver qué sale del experimento, en todo caso, tengo la certeza de que la pasaré bien.
Empiezo con la preparación del viaje. Tengo que dar tres conferencias: una a estudiantes de licenciatura, les contaré sobre mi libro Hacer sociología sin darse cuenta, que fue escrito pensando en mi hija Canela cuando tenía 18 años, para que tenga una idea de qué es lo que hace su papá cuando se va a trabajar (Suárez 2018b); otra a estudiantes de posgrado sobre mi propuesta de sociología vagabunda, que es lo que estoy pensando en la actualidad, lo que discutimos en mis cursos en el posgrado de la UNAM y sobre lo que ya he publicado (Suárez 2015b, 2018c); y por último la conferencia inaugural sobre religiosidad popular, que me permitirá sistematizar las ideas que surgieron de mis investigaciones sobre el tema (Suárez 2015a, 2023). A la vez, me pide Juan que elabore una “guía de observación” de la fiesta, que nos facilite a todos los que participemos en el evento, dirigir la atención hacia algunos aspectos clave; preparo temas (la fiesta, el territorio, el actor, la imagen) y preguntas que estimulen la observación y permitan un diálogo posterior.
Todo listo. Tengo mi pase abordo, mis apuntes, mi cámara, y mi espíritu expectante para adentrarme a la experiencia Andacollo. ¡Vámonos!
Viernes 3 de octubre
Amanezco junto al mar en un hotel de nombre pretencioso discordante por su servicio: Serena Beach. Como soy andino de origen y mi conocimiento de la playa es más bien en México, me sorprende estar a 50 metros de las olas y sentir frío, tener que enfundarme un suéter de lana y chamarra. En realidad lo agradezco, como decía Luis Villoro -contado por su hijo Juan (Villoro 2023)-, la humedad y el calor de la playa a mí me aturden, en realidad la paso mal con la arena entre los libros y el bloqueador engrasándome la piel y las manos. Así que estoy cómodo con esta forma de disfrutar del azul marino del horizonte. Paseo por el malecón deteniendo la mirada en el paisaje urbano: anuncios de “no estacionar”, “recuerda tirar tus colillas aquí”, una cruz con la foto de un fallecido, los perros que circulan libremente, y un magnífico quiosco de café árabe en arena que por supuesto me prometo probar.


En la Universidad, doy mis dos conferencias, una en la mañana y otra en la tarde. Recibo uno de los regalos más bonitos que podemos tener los académicos: se me acerca Escarlet, una estudiante de unos veinte años, me dice que ha leído mis libros, que me admira, y quería manifestármelo. Me siento alagado. El mío es un oficio de la soledad, nada más hermético que el ambiente de un escritor concentrado-encerrado en su pantalla, a menudo pensando que lo que uno derrama en letras no tendrá ningún receptor. Así que encontrarme con alguien que aprecia mi trabajo me emociona, me devuelve el sentido de todo esto.
(1) Toda mi gratitud a Juan Navarrete y a las autoridades de la Universidad Católica del Norte que facilitaron mi participación en el evento.
El diálogo con estudiantes y con colegas es muy estimulante. Las preguntas me dan la oportunidad de pensar cuestiones que no había reflexionado: la política colonial del conocimiento, para qué sirve realmente la sociología, cómo construir el ojo crítico, cómo quitarse el corsé de las formas dominantes del saber. Hace años aprendí que sólo tenemos buenas ideas si las sometemos a la discusión, y pensamos mejor si lo hacemos colectivamente. Lo refrendo.
Comemos a la orilla del mar, acompañados de osos marinos que vienen a visitar, gaviotas y pelícanos. No lo dudo: pido pescado.
Sábado 4 de octubre
En la mañana tengo una interesante conversación con Fabián Bravo-Vega, joven sociólogo que hace poco se incorporó a la Universidad de la Serena. Me cuenta que hizo su tesis utilizando los conceptos de Kathia Araujo -a quien leí en varios textos- y Danilo Martuccelli -amigo y sociólogo que admiro profundamente. Su tema es especialmente interesante porque también reflexiona sobre la religiosidad popular, pero desde los “desafiliados”; despliega las categorías sociológicas con lucidez y pertinencia, quedo con tarea de leer sus textos.
En la noche empieza la “reflexión-acción”. Alrededor de un buen vino -estamos en Chile, no hay que olvidarlo-, cenamos en casa de Juan. Llegan poco a poco los invitados. Lily Jiménez, investigadora de la Universidad de Chile que acaba de concluir su doctorado en estudios culturales con una tesis sobre las estampitas religiosas. Maureen Neckelmann, socióloga, que emprendió un enorme trabajo sobre las fiestas populares en Chile y tiene varias publicaciones. Gala Fernández, música y dramaturga, que está en varios proyectos de investigación sobre el proceso creativo y la religión. Federico Aguirre, especialista en estudios de la imagen que ha producido nutrida bibliografía sobre el tema. Juan el anfitrión, y yo. No puede llegar a acompañarnos Ibar Astudillo porque arribó muy cansando de Antofagasta, él es teólogo con un enorme trabajo sobre las fiestas en la región. Entre que comemos y bebemos, Juan introduce una pregunta capital: qué esperamos de esta experiencia. Todos decimos nuestras expectativas, libres y anárquicas. Yo expreso que quiero tomar mi cámara, sumergirme en la fiesta, ir como esponja sedienta para absorber lo más que pueda, y desde la imagen y la palabra, tratar de construir posteriormente un relato visual sobre la fiesta. Será una ocasión para ejercitar mi sociología desde la imagen y el vagabundeo.
(1) Toda mi gratitud a Juan Navarrete y a las autoridades de la Universidad Católica del Norte que facilitaron mi participación en el evento.
(continua)
Referencias
Castaneda, Carlos. 2013. Una realidad aparte: nuevas conversaciones con don Juan. Segunda edición (Tezontle). México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.
Duhau, Emilio, y Angela Giglia. 2008. Las reglas del desorden: habitar la metrópoli. Arquitectura y urbanismo. México: Siglo veintiuno ed.
Suárez, Hugo José. 2015a. Creyentes urbanos: sociología de la experiencia religiosa en una colonia popular de la ciudad de México. México D.F.: IIS-UNAM.
Suárez, Hugo José. 2015b. Un sociólogo vagabundo en Nueva York. La Paz: Editorial 3600.
Suárez, Hugo José. 2018a. «Agentes para-eclesiales en la religiosidad popular latinoamericana». Pp. 13-19 en Diccionario de religiones en América latina, editado por R. Blancarte. México: Fondo de Cultura Económica.
Suárez, Hugo José. 2018b. Hacer sociología sin darse cuenta: una invitación. Primera edición. Colección ensayo. La Paz, Bolivia: Editorial 3600.
Suárez, Hugo José. 2018c. La Paz en el torbellino del progreso. Transformaciones urbanas en la era del cambio en Bolivia. Ciudad de México: IIS-UNAM.
Suárez, Hugo José. 2018d. Viajar, mirar, narrar. La Paz: Ed. 3600.
Suárez, Hugo José. 2022a. Diario de La Paz. Apuntes de un retorno. La Paz: Editorial 3600.
Suárez, Hugo José. 2022b. París a diario. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
Suárez, Hugo José. 2023. Guadalupanos en París. Ciudad de México: IIS-UNAM.
Villoro, Juan. 2023. La figura del mundo: el orden secreto de las cosas. Primera edición. Ciudad de México: Random House.
