*Verónica Gimenez Béliveau, María Bargo, Luis Donatello, Rocío Espinola, Catalina Monjeau Castro, Clara Otermin Browne, Mercedes Nachón Ramírez, Julieta Ruffa*
El 21 de abril se cumplió el aniversario de la partida del papa Francisco, y Buenos Aires lo celebró en grande. Se realizaron misas, manifestaciones, encuentros, y una fiesta electrónica en la Plaza de Mayo, animada por el sacerdote DJ Guilherme Peixoto. El encuentro multitudinario en el centro político e identitario de Buenos Aires reunió públicos diversos, cruzó formas variadas de habitar el espacio público, e interrogó las formas de creer, de celebrar, de pertenecer en las sociedades contemporáneas. Un grupo alegre de sociólogos, antropólogas, comunicólogas que estudiamos los fenómenos religiosos hicimos etnografía en la Plaza de Mayo y en las redes sociales. Proponemos aquí impresiones, escenas y preguntas.
1. La fiesta
La fiesta más multitudinaria en homenaje al papa Francisco a un año de su muerte se realizó en su ciudad, Buenos Aires. Fiel al estilo de su prédica, fue heterogénea, transgresora, plural y abierta. Dieron el presente una multitud diversa, policlasista y colorida, el gobierno de la ciudad colaboró con el evento sin mostrarse demasiado, la jerarquía de la Iglesia católica subió al escenario representada por el arzobispo, Jorge Ignacio García Cuerva. Esto también es la herencia de Jorge Mario Bergoglio: lo celebró una iglesia plebeya y concurrida, que salió al espacio público, y articuló con el estado.
La fiesta empezó al atardecer. El escenario, de espaldas a la Casa Rosada, miraba hacia la Avenida de Mayo y el Congreso, atravesado por el eje de la vida pública argentina. En el escenario se proyectaban una serie de imágenes asociadas a la tradición cristiana: una gran cruz de fondo y la paloma del Espíritu Santo. En el centro, las bandejas desde donde capitaneaba el padre Guilherme.
El alumbrado público apagado dejaba apreciar el juego de luces y el arte visual de las pantallas y en los edificios históricos. El juego de luces, humo y sonidos se replicaban en columnas, con pantallas y parlantes a lo largo de las avenidas que se abren desde la Plaza de Mayo. Las pantallas mostraban símbolos religiosos: una gran cruz, el Cristo crucificado, la imagen del papa Francisco, la paloma de la paz. Los láseres apuntaban al cielo, y el humo atravesado por la luz celeste producía un paisaje lumínico que remitía a la presencia divina, resignificando los elementos típicos de otros tipos de espectáculos musicales. La escena se completaba con banderas que ondearon sin parar durante todo el espectáculo: argentinas, del Vaticano, el escudo de San Lorenzo, cuadro de fútbol del que era hincha el Francisco.
El padre Guilherme subió al escenario vivado como como una star del espectáculo. Sonrisa ancha, camisa negra de mangas cortas, clergymen, rosario de madera en la muñeca derecha y auriculares, Guilherme se instaló en el set y comenzó el show. El ritmo de la electrónica llenó la plaza. Las bases rítmicas repetitivas se mezclaron con canciones populares de distintos estilos. El repertorio del padre Guilherme incluye canciones religiosas remixadas y canciones modificadas con sentidos religiosos. Hay de todo: música litúrgica, cantos de alabanza y campanas que evocan la experiencia del templo. Sonaron también canciones que en sus letras tienen alguna referencia a la experiencia religiosa, aunque no haya sido la intención original de sus autores: se escuchó una versión de Knocking on Heaven’s Doors de Guns & Roses, Freed from Desire de Gala, y Café con Ron de Bad Bunny: a la tarde, en lugar de ron hay oración. El toque singular, el agregado final y el que más comentarios causó en los días previos, fue la voz de Francisco.
El techno-cura logró samplear frases del Papa argentino integrándolas a sus piezas musicales. Resonaba la voz de Francisco hablando de la celebración de la vida, e invitando a formar parte de la fiesta del Señor: “Jueguen para adelante, pateen para adelante”. El ánimo festivo subía, el DJ Guilherme conectaba con el ánimo de la multitud. Por momentos, los fragmentos de los discursos papales eran más largos, y se transmitían sin fondo musical. Ahí la euforia daba paso al silencio de la multitud. Se escuchaban con atención las palabras, y seguían aplausos, arengas y gritos. “Gracias Francisco”, se escuchó en distintos lugares de la Plaza.
Ya sobre el final, se proyectó un video de Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires, que saludó el encuentro, evocó la presencia de Francisco y, haciéndose presente, protagonizó el momento más parecido a una misa, con el “podemos irnos en paz”. Tras sus palabras, un remix de la canción de protesta Solo le pido a Dios de León Gieco y las sonoridades gregorianas de Ameno cerraron el espectáculo. Cuando Guilhelme se despidió, la multitud lo saludó con un “Olé, olé, olé, Guille, Guille”.
Los DJs sostienen que hay una afinidad entre la música electrónica y el ritual. Los sonidos repetitivos permiten alcanzar estados de “trance” y habilitan experiencias transformadoras. Los “paisajes sonoros” abren espacios-tiempos fuera del cotidiano, y pueden dar lugar a desplazamientos hacia un tiempo y espacio interior, pero también hacia el encuentro colectivo en el que se espera la emergencia de un sentimiento de comunidad y pertenencia a “algo mayor” entre quienes participan. ¿Qué colectivo se formó en el concierto del Padre Guilherme? ¿Qué matices cristianos tiene el viaje interior que proponen las sonoridades techno del cura-DJ?
2. ¿Pero quién es el Padre Guilherme?
Podemos caracterizar, sin temor a equivocarnos demasiado, a Guilherme Peixoto como un soldado de Cristo. Nacido el 30 de julio de 1974 en Guimaraes, Portugal, entró al seminario arquidiocesano de Braga a los 13 años y se ordenó a los 25. Las fuentes de información sobre la vida del Padre Guilherme son escuetas, más allá de su singularidad como sacerdote DJ, pero su trayectoria se acerca a la de un “oblato”, término que se aplicaba en el pasado a los niños que eran criados por órdenes monásticas. Peixoto pudo acceder, gracias a la carrera eclesial, a un mundo cosmopolita.
Guilherme relata su trayectoria destacando dos temas: su pasión por la música, y su condición de militar. En su adolescencia el amor por la música lo llevó a formar una banda de rock and roll junto con otros seminaristas. La relación con el ejército portugués comenzó cuando fue incorporado como capellán militar destinado a la formación de cadetes. Como parte de la OTAN, Portugal envío soldados a la International Security Assistance Force en Afganistan, y sufrió bajas en el conflicto. El padre Guilherme acompañó a los soldados a misiones en Kabul (2010) y en Kosovo (2012). Llegó a detentar el grado de teniente coronel, y a gozar de un salario como alto oficial de las fuerzas armadas portuguesas. Los conocimientos musicales sirvieron al padre Guilherme como una estrategia más de la pastoral, y decidió profundizar su formación musical especializándose en música electrónica, que combinaba con herramientas específicas del mensaje religioso.
Esta habilidad singular le valió un rol destacado en la Jornada Mundial de la Juventud de 2023, donde conoció al Papa Francisco, del cual retoma el llamado a hacer lío y a ir hacia las periferias. El encuentro lo empujó a seguir con su vocación pastoral-musical, y a presentarse en ciudades en todo el mundo: Lisboa, Nantes, Madrid, Atenas, Puebla, antes que Buenos Aires, bailaron con su música. ¿Qué catolicismos quiere despertar el cura DJ?
3. En la Plaza: mundos plurales
La fiesta fue multitudinaria, entre 120 y 200 mil personas asistieron según la prensa local. Como para afirmar la afinidad de la rave con la misa y el ritual, la multitud variopinta que pobló la Plaza de Mayo vivió una suerte de suspensión del status y de las jerarquías. Grupos diversos que raramente se juntarían celebraron a Francisco. Efervescencia, mezcla, horizontalidad: había religiosas y sacerdotes, colectividades parroquiales, grupos Scouts, jóvenes con uniformes de colegios religiosos. Había personas con los pañuelos verdes a favor de la legalización del aborto, familias, grupos de amigos, migrantes, turistas.
También estaban los que vinieron por la música electrónica, un público claramente vinculado a los circuitos nocturnos, “la jodita” en categorías nativas. Más allá de los contactos previos con el catolicismo (bautismo, colegios católicos), estas personas estaban socializadas en espacios de ocio urbano tanto mainstream como under: jóvenes con estéticas “alternativas”, propias de la escena (gafas oscuras, outfits llamativos o full black, abanicos) y repertorios corporales o lingüísticos característicos. La circulación de objetos (chupetines, bebidas, drogas) y la forma de bailar generaban una atmósfera de club o de “joda”. En el plano corporal, la escena remitía a formas de involucramiento y de bailar propios de la música electrónica: movimientos repetitivos, laterales, sostenidos en el tiempo y sincronizados. También aparecían capas sonoras producidas por los propios asistentes: a los silbidos y gritos colectivos, se le sumaba el chasquido de los abanicos al abrirse y cerrarse ejecutado de manera rítmica y sincronizada con el pulso de la música. Esta modalidad de baile coexistía también, en algunos casos, con consumo de sustancias. Un grupo de amigas que compartían caramelos y estaban muy involucradas con la experiencia sonora y sensorial, mencionaban que Guilherme era el primero de una serie de DJs que iban a escuchar tocar a lo largo de la noche. Un varón gritaba eufórico “la noche está en pañales”.
Todas estas prácticas, lejos de generar una distancia con la experiencia religiosa, incluían distintos modos de conexión con los mensajes generados por el cura DJ: más allá de algunas risas sueltas cuando aparecían frases de Francisco, las personas se mostraban felices e interpeladas cuando aparecían referencias religiosas. Se percibían momentos de concentración, interpelación o conexión profunda a lo largo de todo el set. Una joven que había estado bailando ininterrumpidamente con ese movimiento característico de quienes están habituados a este tipo de espacios, hacia el cierre, cuando el cura DJ intercaló un mensaje sobre una Iglesia “para todos, más allá de las diferencias”, se emocionó hasta las lágrimas: sin dejar de bailar, bailaba, se abrazaba a sus amigas.
Como en las marchas, como en los recitales, como en los eventos deportivos, como en las misas, lo que a simple vista parece una multitud desorganizada pronto revela un orden que, más o menos buscado, no es azaroso. La multitud parece desordenada, pero la circulación de las personas tiene sus lógicas, como afirma Steiner (2026).
Si observamos la fiesta del DJ Guilherme, veremos que desde el centro de la Plaza de Mayo, una multitud se proyecta por las avenidas que surgen de ella. La distancia con el centro donde eligen (o pueden) ubicarse los diferentes grupos los distingue.
En primera fila, cerca del escenario, mujeres y hombres levantaban sus manos, las palmas hacia adelante, los ojos cerrados. Otros llevaban anteojos de sol, y quebraban la muñeca con las palmas apuntando al piso. Otros estaban menos entregados a la experiencia del trance y más a la de la euforia. Con una actitud que se asemeja a la que vemos en los recitales de rock o en los estadios de fútbol, estas personas cantaban las canciones cuando conocían letra. Un hombre subido a un banco gritaba “Viva Cristo Rey”. Una mujer joven arengaba a la multitud: “el que no salta es un mormón”. Vitoreaban el nombre Guilherme, pero sobre todo el de Francisco (que a veces son “Guille” y “Pancho”), en especial cuando se escuchaba su voz.
Un segundo anillo lo conforman curiosos y curiosas. Personas que parecen no frecuentar fiestas electrónicas ni misas, aunque probablemente hayan pasado por alguna y sin duda han habitado multitudes. Saben cómo pararse, saben sus límites sobre cuánto adentrarse en la masa y, más importante, saben formar parte de algo que no entienden del todo sin faltarle el respeto a los más comprometidos. Acá había familias, grupos de jóvenes y no tan jóvenes bailando, personas sueltas de todas las edades. No eran lo más lookeados ni los más organizados, pero el compromiso con el clima festivo era total. Completaban este grupo vendedores ambulantes que ofrecían coronas de flores con luces, vinchas con aureolas de ángel, remeras del DJ.
En el tercer anillo se ubicaban los jóvenes del circuito de la fiesta electrónica (botellas de agua, anteojos de sol y chupetines). En este círculo se codeaban con otra tribu, igualmente preparada para no deshidratarse, que porta sus mejores trajes de militantes católicos: remeras de parroquias y grupos juveniles, cruces en el pecho, pines de Francisco. Llevaban las palabras “libertad”, “fe”, “compromiso”, “inclusión”, “mejor vida”, “paz”, “amor”, “solidaridad” y “justicia” como identificación y bandera.
La Plaza está poblada de materialidades sagradas. La cultura audiovisual propuesta por el sacerdote DJ convive con la cultura iconográfica de las estatuas de vírgenes y crucifijos, velas y luces de celulares; objetos religiosamente marcados que se llevan en el cuerpo, como cadenitas, pulseras, aros y anillos con cruces, vírgenes y santos, rosarios, ropas con cruces, con imágenes de la virgen, del papa Francisco o del padre Guilherme. Muchos de estos objetos han visto modificado sus colores, formas y materiales para que también entren en el circuito de la moda. Por ejemplo, las remeras del papa Francisco pop, a la manera de la Marilyn de Andy Warhol. La marca y el disfraz fueron una presencia constante en la fiesta: había personas vestidas de Jesús, de Francisco, de cura, de ángel, varones y mujeres ataviados como religiosas.
Mundos diversos habitaron la plaza del homenaje a un año de la partida de Francisco ¿Hay renovación del catolicismo aquí? ¿Qué formas espirituales y religiosas puede asumir la necesidad de fiesta de un pueblo castigado por la crisis y la recesión económica?
4. En las redes: la disputa por el cura DJ, por “la jodita” y por Francisco
Mientras multitudes se congregaban en la plaza y avenidas, en la calle online se agitaban las discusiones. Los discursos en circulación estaban en plena disputa de sentidos, ¿a quién le pertenecía la fiesta? Desde algunos sectores del mileismo, rápidamente salieron a posicionarse. Carajo, el principal canal de streaming alineado con el oficialismo nacional, afirmaban en X que “La jodita ahora es de derecha”. A esto se sumaron los distintos usuarios e influencers libertarios, con publicaciones que reforzaban “fervientemente que la TOTALIDAD de la gente que fue eran de EXTREMA DERECHA” y desestimando los planteos de otros espacios políticos, principalmente a aquellos con alineaciones progresistas o apoyos a cuestiones de género y diversidades. El núcleo temático que construyeron fue el renacer del catolicismo, con un claro lugar de enunciación anclado a una Argentina situada en Occidente.
Dentro del minuto a minuto, el Gordo Dan, uno de los influencers más reconocidos de las Fuerzas del Cielo (grupo político-mediático que sostiene a Milei), dejó en claro que “ARGENTINA NO SERÁ ISLAMIZADA”; junto a él, distintos perfiles realizaron señalamientos morales sobre la población musulmana y algunos otros denunciaron “un intento por parte de los judíos del gobierno y sus militantes” de apropiarse de este renacimiento cristiano.
Dentro del universo digital católico, el nicho más ortodoxo, que incluye vertientes conservadoras o tradicionalistas, también emitió opiniones en relación al evento. Si bien hubo quienes intentaron apropiarse del evento señalando una supuesta tendencia “de derecha” del episodio o celebrando la visibilización de la matriz católica argentina, también los detractores se hicieron eco. En sus redes, el sacerdote Javier Olivera Ravasi, ya había hecho mención a este suceso, inclusive desde que se comenzó a difundir la convocatoria. No solo señalaba lo controversial del género musical y el contexto en el cual se suele escuchar/bailar, sino que recopilaba una serie de apariciones públicas del “cura DJ”, como una entrevista en un podcast en el que la transmisión se veía interrumpida por publicidades de negocios de juguetes sexuales, para poder descalificar moralmente, en particular en lo que respecta a asuntos de moral sexual, al padre Guilherme. Otros influencers, como algunos jóvenes que promueven deberes y valores ligados a la religión, explicaron que la electrónica y la música sacra deberían ser asuntos separados. Así, un joven cuya descripción de perfil indica “fe y empresa”, sostiene que eso no “inspira cosas buenas” y que es raro usar ropa de clérigo porque no sería un ambiente de evangelización. Hacia el final del video explica que eso “le da Iglesia canchera” tratando de ser algo que no es, y no sabiendo cómo comportarse, cuando no debería ser una Iglesia que se acomode al mundo. Dentro del nicho, entonces habría una desconfianza con respecto al sacerdote portugués y su propuesta artística (¿evangelizadora?) por asociarla a un intento de mundanización. En las redes sociales ciertos sectores intentan construir un enunciatario/destinatario que se encierra en una cadena significante de “hombre-cristiano-occidental-de derecha”, mientras que la Plaza de Mayo se puebla de una multitud heteróclita y variopinta.
¿Cómo convive el catolicismo con sus diversidades internas? ¿De qué manera la polarización ideológica y política atraviesa a las militancias católicas y sus periferias?
La modernidad periférica argentina pone en escena creencias abiertas e indeterminadas, que se expresan en los cuerpos y en la fiesta, junto con mensajes en redes que cierran el sentido del evento con interpretaciones definidas y ancladas ideológicamente.
El mundo católico ha mostrado a lo largo de su historia una tensión pertinaz entre la institución, las culturas populares y los eventos masivos. Cuestiones como la autoridad, la regulación o el orden están puestos en cuestión y los límites se ponen en juego en este tipo de evento. El homenaje de su ciudad al papa Francisco reactualiza estas tensiones y abre nuevas preguntas. ¿Qué nos muestra la última plaza de Francisco? ¿Qué catolicismos periféricos crecen en un mundo al límite?
Fotos de Verónica Béliveau:





Referencia
Steiner, P. (2026) “Sociología de la fiesta: las masas, la economía y la efervescencia social” Revista Sociedad y Religión N°67 Vol. 36.
Demais autores/as:
María Bargo, antropóloga. Instituto de Investigaciones Sociales-Universidad Nacional Autónoma de México
Luis Donatello, sociólogo. Universidad de Buenos Aires/ Universidad Nacional del Litoral/CONICET (CEIL).
Rocío Espinola, comunicóloga. CONICET (CEIL)/ Universidad Nacional de General Sarmiento.
Catalina Monjeau Castro, socióloga. Universidad de Buenos Aires/ CONICET (CEIL).
Clara Otermin Browne, socióloga. Universidad de Buenos Aires/ CONICET (CEIL).
Mercedes Nachón Ramírez, socióloga. Universidad de Buenos Aires/ CONICET (CEIL).
Julieta Ruffa, antropóloga. Universidad de Buenos Aires/ Universidad de San Andrés/ CONICET (CEIL).
