*Annel Mejías Guiza*
José Gregorio Hernández, uno de los primeros santos venezolanos canonizado por la Iglesia católica en una ceremonia oficiada por el Papa León XIV el 19 de octubre del 2025, ya era un santo popular en Venezuela desde su muerte debido a su religiosidad y devoción de servicio en vida. “El médico de los pobres”, quien tenía 54 años cuando falleció, goza de una masiva y profunda devoción de sus creyentes desde hace más de un siglo, sean éstas personas católicas o marialionceras.
Si bien el camino para ser santo duró setenta y seis años, el Papa Francisco autorizó su condición el 25 de febrero de 2025, antes de fallecer, mediante una canonización equivalente o equipolente. Esto se traduce en un proceso extraordinario que lo eximió de algunos pasos formales del proceso judicial y las ceremonias, como la comprobación de un segundo milagro verificado ya que, para él ser beatificado, se le probó un primer milagro en el año 2020. La decisión se tomó porque el Papa Francisco consideró que el médico venezolano cumplía una serie de requisitos, como una veneración ininterrumpida desde hace décadas, una fama constante de virtudes y una aprobación perenne de la comunidad de historiadores.
San José Gregorio Hernández nació en al año 1864 en Isnotú, un pueblito de Trujillo. El terreno de la casa donde nació se ha convertido en un santuario, donde yace una escultura realista del médico, una capilla y una sala-museo con objetos que tuvo en vida, lugar de devoción donde sus fieles han llevado más de veintiséis mil placas por los favores recibidos. En vida, él estudió medicina en Caracas y después se especializó en París, Francia. Al regresar a Venezuela, se dedicó a la docencia, a la investigación y a su práctica profesional. También intentó ser sacerdote católico en varias oportunidades en un seminario de Caracas y en un monasterio en Italia. Murió atropellado en el año 1919 por uno de los pocos vehículos que circulaban entonces en las calles de la capital venezolana.
Sus exequias fueron apoteósicas, asistieron más de treinta mil personas y hubo una espiral de luto que afectó todos los sectores en la capital de Venezuela. Se declararon tres días de duelo (Medina Machado, s.f, p. 45). Durante el traslado de sus restos, el pueblo no permitió el viaje en la carroza fúnebre, sino que cargó el cuerpo de José Gregorio Hernández en la urna por toda la ciudad hasta el cementerio, según Francisco Ferrándiz (2024).
Si bien hubo una devoción popular desde ese momento, pasaron tres décadas desde su fallecimiento para que la Iglesia católica, particularmente la Arquidiócesis de Caracas, iniciara el proceso de beatificación, a solicitud de la familia del médico. Veintitrés años después de este hecho, en el año 1972, es declarado Siervo de Dios por el Papa Pablo VI y, catorce años luego, en el año 1986, el Papa Juan Pablo II lo nombra Venerable. Pasaron treinta y cinco años desde su último ascenso católico para que el Papa Francisco lo elevara a Beato en el año 2021, es decir, más de un siglo luego de su deceso.
Esta apropiación tardía de la Iglesia católica coincidió, a su vez, con la expansión del culto a María Lionza, en la medida que Venezuela pasaba de ser un país agrícola a uno petrolero en el siglo XX. Si bien el culto tiene su epicentro en el centro-occidente del país, tanto en el estado Yaracuy donde se encuentra el sitio sagrado de la Montaña de Sorte, como en el estado Lara y la cordillera de la costa, con la movilización del campo a las grandes ciudades se expandió la devoción a la Reina María Lionza por todo el país. Al ser un mito intermediario, como lo llama Daisy Barreto (2020), el culto comenzó a complejizarse con otras creencias religiosas, especialmente la de los muertos milagrosos, para consolidarse como un modelo de medicina popular.
El pasaje hacia una nación moderna petrolera implicó también la convivencia del modelo de la medicina tradicional con el de la medicina popular y la biomedicina, como indica Jacqueline Clarac de Briceño (2010), no sin tensiones, choques culturales y hasta tecnologías de control social, como ilegalizar las prácticas de curación marialionceras. La devoción popular al espíritu del médico José Gregorio Hernández se convirtió en una posibilidad de responder a la persecución del Estado y adaptar el culto a María Lionza a prácticas religiosas urbanizadas.
Al ser creyente católico, este galeno se incorporó primero como espíritu en la Corte Blanca, donde se ubicaban las figuras católicas; dicha corte le dio al culto el carácter de catolicismo popular. Entre las décadas del sesenta y setenta del siglo XX, la Corte Blanca se subdivide en la Corte Celestial, considerada por las personas creyentes como mundial y universal. También se mueven otros espíritus de este espacio simbólico a otras nuevas cortes: el Libertador Simón Bolívar funda la Corte Libertadora o Militar; José Gregorio Hernández lidera la Corte Médica o Doctorada (una de las cortes de profesionales del culto); y Santa Bárbara (con imagen mariana) es compartida en la Corte Shangó, aunque se mantiene también en la Corte Celestial (Clarac de Briceño, 2010).
En la Corte Médica se consiguen otros espíritus doctores de la biomedicina, como José María Vargas (el primer presidente civil de Venezuela en el siglo XIX), Luis Razetti (creador de la Sociedad de Médicos y Cirujanos de Caracas, que luego se convertiría en la Academia de Medicina) y Francisco Plaza Izquierdo (quien se especializó en anatomía y trabajó en hospitales importantes de Caracas durante el siglo XX). Este grupo de espíritus convive con la Corte Chamarrera, integrada por espíritus de personas curanderas o curiosas de la medicina tradicional practicada en zonas rurales del país y cuyas tumbas o sitios de devoción se ubican en su mayoría en cementerios (ver imágenes 1 y 2).


Estos espíritus doctores, agrupados en esta corte dentro del panteón de María Lionza, han generado un proceso de medicalización de la posesión, como lo llama Ferrándiz (2004): representan un fenómeno emergente de creación de un espacio híbrido tecnomístico de salud y enfermedad (pp. 34-35, 179). Así, la imagen de San José Gregorio Hernández se mimetiza en los altares de las personas creyentes: con traje, corbata y sombreros negros, con las manos amarradas en la espalda, o de traje y bata blanca, con un estetoscopio. De esta forma se ha representado durante décadas entre las personas creyentes del culto a la Reina.
Si bien José Gregorio Hernández practicó en vida la “medicina como sacerdocio” (Rodríguez Campo, 2021), esta apropiación del médico como santo popular ha hecho afirmar que la devoción popular, en lugar de servir como apoyo, había sido un obstáculo para su santificación (Briceño-León y Camardiel, 2025, p. 12), especialmente por estar como espíritu en una de las cortes de María Lionza, donde, según indican algunas personas católicas que no son marialionceras, se usa su figura para hacer “brujería”, entendida como magia negra.
Una semana antes de su canonización en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, durante el “baile en candela”, el rito más importantes del calendario marialioncero, el 12 de octubre del 2025 se colocó la estatua de José Gregorio Hernández al lado izquierdo de las Tres Potencias: María Lionza, el Cacique Guaicaipuro y el Negro Felipe, en el altar principal del ritual en Quibayo, en la entrada de la Montaña de Sorte (ver imágenes 3 y 4), mientras que la figura del “médico de los pobres” se veía replicada en algunos portales de este sitio sagrado, incluyendo el Altar Mayor, portal de la Reina María Lionza (ver imagen 5).



“José Gregorio no tiene padrote”, se refieren sus creyentes cuando hablan del poder sanador del santo y para referirse que el médico no se encuentra subordinado a ninguna otra entidad en la jerarquía espiritual. Durante el trance mediado culturalmente, no todas las materias (médium) pueden bajar al espíritu, porque tiene mucha “luz” (pureza o elevación). Cuando baja, hace operaciones y chequeos espirituales. Hay centros dedicados a solo bajar el espíritu de San José Gregorio Hernández y, en algunos casos, las materias son personas médicas, quienes son creyentes de María Lionza.

Ferrándiz (2004) aclara que esta entidad suele hacer visitas y operaciones en los sueños de los pacientes, dejando restos tangibles de su presencia, como récipes con su letra, instrumentos quirúrgicos, guantes, vestigios de dolor luego de la intervención y hasta cicatrices. La realización de la cirugía mística fue introducida en los rituales a partir de la década del setenta del siglo XX.
En el mundo onírico o terrenal, la cirugía mística es la más popularizada y con más eficacia simbólica, a pesar de que no se toca el cuerpo del paciente o se puede hacer sobre objetos que representan la parte del cuerpo afectada. Las materias que encarnan a José Gregorio Hernández, indica Ferrándiz (2004), usan instrumental médico de forma simbólica y operan en espacios habilitados con sus respectivas camillas y medidas de asepsia, funcionando como “hospitales espirituales” (pp. 159, 170-171), pero a su vez usan el tabaco, las velas blancas y los ensalmes típicos para llamar a otros espíritus del panteón.
Los pacientes también llevan a las ceremonias resultados de exámenes médicos y estudios imagenológicos para que el “médico de los pobres” los revise y diagnostique, como hizo en vida con la gente de las zonas populares donde trabajó.
En un país donde gozar de los servicios de la biomedicina es aún un privilegio en el siglo XXI, la modernidad petrolera y el Estado laico no domesticaron las creencias religiosas, sino que éstas se adaptaron en un proceso de mimetización para sobrevivir: la figura de San José Gregorio Hernández en el culto de María Lionza revela una de las grietas en la modernidad mestiza venezolana.
Annel Mejías Guiza é professora da Universidad de Los Andes e integra a Red de Antropologías del Sur
Bibliografía
Barreto Ramos, Daisy. (2020). María Lionza, divinidad sin fronteras. Genealogía del mito y del culto. Mérida, Venezuela: Ediciones Dabánatà, Museo Arqueológico “Gonzalo Rincón Gutiérrez”, Universidad de Los Andes.
Briceño-León, Roberto y Alberto Camardiel. José Gregorio Hernández: la modernidad mestizadel santo popular venezolano. Espacio Abierto. Cuaderno Venezolano de Sociología, vol. 34, no. 2, pp. 9-27.
Clarac de Briceño, Jacqueline. (2010). La enfermedad como lenguaje en Venezuela. Mérida/Caracas, Venezuela: 3era edición (1era, 1992), Fundación Editorial El perro y la rana, Editorial La Castalia.
Ferrándiz Martín, Francisco. (2004). Escenarios del cuerpo: espiritismo y sociedad en Venezuela. Bilbao, España: Universidad de Deusto.
Medina Machado, Alí. S.f. Brevenotas sobre José Gregorio Hernández. Trujillo, Venezuela: Sistema Nacional de Editoriales Regionales, Fundación Editorial El perro y la rana.
Rodríguez Campo, William. 2021. El Beato Doctor José Gregorio Hernández: santidad con impronta venezolana. ITER. Revista de Teología, vol. 32, no. 82, pp. 181-216.
Versão em português:
São José Gregório Hernández, espírito fundador da Corte Médica de María Lionza
Annel Mejías Guiza (Universidade de Los Andes/Rede de Antropologias do Sul)
José Gregorio Hernández, um dos primeiros santos venezuelanos canonizados pela Igreja católica em cerimônia oficiada pelo Papa Leão XIV em 19 de outubro de 2025, já era um santo popular na Venezuela à época de sua morte, devido a sua religiosidade e dedicação ao serviço durante sua vida. “O Doutor dos Pobres”, que tinha 54 anos quando faleceu, gozou de uma devoção imensa e profunda de seus seguidores por mais de um século, sejam eles católicos ou sejam devotos da Rainha María Lionza.
Embora o caminho para a santidade tenha levado setenta e seis anos, o Papa Francisco autorizou sua canonização em 25 de fevereiro de 2025, antes de sua morte, por meio de uma canonização equivalente ou equipolente. Isso resultou em um processo extraordinario, que o isentou de algumas etapas formais do processo judicial e das cerimônias, como a verificação de um segundo milagre, visto que um primeiro milagre já havia sido comprovado para sua beatificação em 2020. A decisão foi tomada porque o Papa Francisco considerou que o médico venezuelano preenchia uma série de requisitos, incluindo décadas de veneração ininterrupta, uma reputação constante de virtude e aprovação duradoura da comunidade de historiadores.
São José Gregório Hernández nasceu em 1864 em Isnotú , uma pequena cidade no estado de Trujillo. O terreno de seu local de nascimento foi transformado em um santuário, que abriga uma escultura em tamanho natural do médico, uma capela e uma sala com objetos de sua vida. Neste local de devoção, seus seguidores deixaram mais de 26.000 placas em agradecimento pelas graças recebidas. Durante sua vida, estudou medicina em Caracas e posteriormente se especializou em Paris, na França. Ao retornar à Venezuela, dedicou-se ao ensino, à pesquisa e à prática médica. Tentou também se tornar padre católico em diversas ocasiões, primeiro em um seminário em Caracas e depois em um mosteiro na Itália. Faleceu em 1919, atropelado por um dos poucos veículos que circulavam pelas ruas da capital venezuelana na época.
Seu funeral foi magnífico, com a presença de mais de trinta mil pessoas, e uma onda de luto varreu todos os setores da capital da Venezuela. Durante o translado de seus restos mortais, as pessoas se recusaram a permitir a passagem do carro funerário, carregando o corpo de José Gregorio Hernández pelas ruas da cidade até o cemitério, segundo Francisco Ferrándiz (2024).
Embora a devoção popular por ele tenha surgido desde aquele momento, três décadas se passaram após sua morte antes que a Igreja católica, por meio da Arquidiocese de Caracas, iniciasse o processo de beatificação a pedido da família do médico. Vinte e três anos depois, em 1972, ele foi declarado Servo de Deus pelo Papa Paulo VI, e quatorze anos depois, em 1986, o Papa João Paulo II o nomeou Venerável. Trinta e cinco anos se passaram desde sua última elevação católica antes que o Papa Francisco o elevasse à categoria de Beato em 2021 – mais de um século após sua morte.
Essa apropriação tardia pela Igreja Católica coincidiu, por sua vez, com a expansão do culto a María Lionza, à medida que a Venezuela transitava de um país agrícola para um país produtor de petróleo no século XX. Embora o epicentro do culto esteja na região centro-oeste do país, especificamente no estado de Yaracuy, onde se encontra o sítio sagrado da Montanha Sorte, bem como no estado de Lara e na cordilheira costeira, a migração das áreas rurais para as grandes cidades levou à disseminação da devoção à Rainha María Lionza. Como um mito intermediário, conforme descreve Daisy Barreto (2020), o culto começou a se entrelaçar com outras crenças religiosas, particularmente aquelas relacionadas a mortos milagrosos, consolidando-se como um modelo de medicina popular.
A transição para uma nação moderna produtora de petróleo também envolveu a coexistência da medicina tradicional com a medicina popular e a biomedicina, como indica Jacqueline Clarac de Briceño (2010), não sem tensões, choques culturais e até mesmo tecnologias de controle social, como a proibição das práticas de cura de María Lionza A devoção popular ao espírito do médico José Gregorio Hernández tornou-se uma forma de responder à perseguição estatal e adaptar o culto de María Lionza às práticas religiosas urbanizadas.
Por ter sido católico praticante, este médico ingressou como um espírito inicialmente na Corte Branca, na qual residiam figuras católicas; essa corte conferia ao culto o caráter de catolicismo popular. Entre as décadas de 1960 e 1970, a Corte Branca subdividiu-se na Corte Celestial, considerada pelos fiéis como universal. Outros espíritos também migraram desse espaço simbólico para novas cortes: o Libertador Simón Bolívar fundou a Corte Libertadora ou Militar; JoséGregorio Hernández liderou a Corte Médica ou Doutoral (uma das cortes de profissionais dentro do culto); e Santa Bárbara (com imagem mariana) foi compartilhada na Corte Shangó, embora também tenha permanecido na Corte Celestial (Clarac de Briceño, 2010).
Na Corte Médica, encontram-se outros espíritos de médicos, como José María Vargas (o primeiro presidente civil da Venezuela no século XIX), Luis Razetti (fundador da Sociedade de Médicos e Cirurgiões de Caracas, que mais tarde se tornou a Academia de Medicina) e Francisco Plaza Izquierdo (especializado em anatomia e que trabalhou em importantes hospitais de Caracas durante o século XX). Este grupo de espíritos coexiste com a Corte Chamarrera, composto por espíritos de curandeiros ou pessoas curiosas da medicina tradicional praticada em áreas rurais do país, cujos túmulos ou locais de devoção se encontram, em sua maioria, em cemitérios (ver imagens 1 e 2).


Esses espíritos médicos, agrupados nesta corte dentro do panteão de María Lionza, geraram um processo de medicalização da possessão, como o denomina Ferrándiz (2004): representam um fenômeno emergente de criação de um espaço híbrido tecno-místico de saúde e doença (pp. 34-35, 179). Assim, a imagem de São José Gregorio Hernández é incorporada aos altares dos fiéis: de terno, gravata e chapéu preto, com as mãos amarradas nas costas, ou de terno e bata branca, com um estetoscópio. É assim que ele tem sido representado há décadas entre os seguidores do culto da Rainha.
Ainda que José Gregorio Hernández tenha praticado em vida a “medicina como sacerdócio” (Rodríguez Campo, 2021), esta apropriação do médico como santo popular explica que a devoção popular, em vez de servir como apoio, foi um obstáculo para sua santificação (Briceño-Leóny Camardiel, 2025, p. 12), especialmente por estar como espírito em uma das cortes de María Lionza, onde, de acordo con o que dizem algumas pessoas católicas que não são marialionceras, se adota sua figura para fazer “brujeria”, entendida como magia maléfica.
No dia 12 de outubro de 2025, uma semana antes de sua canonização na Praça de São Pedro, no Vaticano, a estátua de José Gregorio Hernández foi colocada, durante a “dança do fogo”, o rito mais importante do calendário de Maria Lionza, à esquerda dos Três Poderes: María Lionza, Cacique Guaicaipuro e Negro Felipe, no altar principal do ritual em Quibayo, na entrada da Montanha Sorte (ver imagens 3 e 4), enquanto a figura do “médico dos pobres” foi replicada em alguns portais deste local sagrado, incluindo o Altar Principal, portal da Rainha María Lionza (ver imagem 5).



“José Gregorio não tem padrote”, dizem seus seguidores ao falar do poder de cura do santo, pois o médico não estaria subordinado a nenhuma outra entidade na hierarquia espiritual. Durante o transe mediado culturalmente, nem todas as materias (médiums) conseguem acessar o espírito porque este possui muita “luz” (pureza ou elevação). Quando conseguem acessar o espírito, realizam cirurgias e exames espirituais. Existem centros dedicados exclusivamente à canalização do espírito de São José Gregório Hernández e, em alguns casos, os médiuns são profissionais da área médica e devotos de María Lionza.

Ferrándiz (2004) esclarece que essa entidade costuma visitar e realizar operações nos sonhos dos pacientes, deixando vestígios tangíveis de sua presença, como prescrições escritas à mão, instrumentos cirúrgicos, luvas, dores persistentes após o procedimento e até cicatrizes. A prática da cirurgia mística foi introduzida em rituais a partir da década de 1970.
A cirurgia mística, no mundo dos sonhos ou no reino terreno,é a mais popular e simbolicamente eficaz, mesmo que o corpo do paciente não seja tocado ou o procedimento seja realizado em objetos que representam a parte do corpo afetada. As materias que encarnam José Gregorio Hernández, indica Ferrándiz (2004), usam batas, instrumentos médicos e operam simbolicamente em espaços equipados com suas respectivas macas e medidas assépticas, funcionando como “hospitais espirituais” (pp. 159, 170-171), mas também usam tabaco, velas brancas e encantamentos típicos para invocar outros espíritos do panteão.
Os pacientes também levam resultados de exames médicos e de imagem para as cerimônias, para que o “médico dos pobres” possa analisá-los e diagnosticá-los, assim como fazia em vida com as pessoas das áreas pobres onde trabalhava.
Num país onde usar dos serviços da biomedicina ainda é um privilégio no século XXI, a modernidade petrolífera e o Estado laico não domesticaram as crenças religiosas, mas sim estas adaptaram-nos num processo de mimetismo para sobreviver: a figura de São José Gregório Hernández no culto de Maria Lionza revela uma das fissuras da modernidade mestiça venezuelana.
Referências bibliográficas
Barreto Ramos, Daisy. (2020). María Lionza, divinidad sin fronteras. Genealogía del mito y del culto. Mérida, Venezuela: Ediciones Dabánatà, Museo Arqueológico “Gonzalo Rincón Gutiérrez”, Universidad de Los Andes.
Briceño-León, Roberto y Alberto Camardiel. José Gregorio Hernández: la modernidad mestizadel santo popular venezolano. Espacio Abierto. Cuaderno Venezolano de Sociología, vol. 34, no. 2, pp. 9-27.
Clarac de Briceño, Jacqueline. (2010). La enfermedad como lenguaje en Venezuela. Mérida/Caracas, Venezuela: 3era edición (1era, 1992), Fundación Editorial El perro y la rana, Editorial La Castalia.
Ferrándiz Martín, Francisco. (2004). Escenarios del cuerpo: espiritismo y sociedad en Venezuela. Bilbao, España: Universidad de Deusto.
Medina Machado, Alí. S.f. Brevenotas sobre José Gregorio Hernández. Trujillo, Venezuela: Sistema Nacional de Editoriales Regionales, Fundación Editorial El perro y la rana.
Rodríguez Campo, William. 2021. El Beato Doctor José Gregorio Hernández: santidad con impronta venezolana. ITER. Revista de Teología, vol. 32, no. 82, pp. 181-216.
