La espiritualidad como recurso en la escena artística contemporánea (Parte 1)

*Cesar Ceriani*

Un aire de familia recorre sutilmente diversos escenarios de la producción artística contemporánea en Argentina, tanto en sus definiciones temáticas, como en sus procesos de creación, exhibición y comunicación. La presencia se afirma como recurso estético que perfila un universo de sentido donde lo espiritual y lo sagrado se erigen como nociones clave. En las artes plásticas y la escena musical, la espiritualidad se posiciona como una categoría de adscripción que habilita relacionalmente sensibilidades generacionales, definiciones del yo, estilos de pensar y construcciones de pertenencia. 

La espiritualidad como recurso abre el diálogo a una problematización antropológica mayor orientada a observar producciones culturales y arenas sociales en donde la noción se posiciona como un valor implícito, tanto en el proceso de creación y publicitación, como en su eficacia, legitimación y apropiación social. En conversación con los estudios sobre espiritualidades y transformaciones de la subjetividad (Viotti 2025, Semán y Viotti 2015) y sobre definiciones y usos de la espiritualidad en los campos de la salud, la política y la economía (Toniol 2023, Funes 2016), estas reflexiones en ciernes problematizan las articulaciones entre arte y espiritualidad en el contexto argentino. 

De manera particular, interesa inquirir las maneras en que una sensibilidad espiritualista estructura expresiones artísticas sostenidas en el poder de lo sacro, ancestral, mítico y mágico. Estas nociones se presentan como poderosos recursos simbólicos, imaginativos y experienciales que imprimen las características propias de las obras –en sus figuraciones materiales, ritmos y sonidos, escenificaciones y exhibiciones– e instauran asimismo una relación de participación con las audiencias. En dicha relación se cifra otra clave fundamental para ensayar una antropología de las estéticas espiritualizadas en la vida contemporánea.

En primer lugar, es importante explicitar porque el término “recurso” es utilizado como llave hermenéutica atenta a las configuraciones de sentido y a la utilización de medios (recursos) orientados hacia un propósito (no necesariamente preconcebido). La noción de recurso es aquí pensada, también, en su doble dimensión semántica de “acción de volver” o “retorno” y en tanto “conjunto de elementos disponibles para llevar a cabo una empresa”. Recursos y medios son entendidos como acciones simbólicas y no simples instrumentalizaciones que buscan eficacia, conveniencia o maximización, o bien que esconden fines no declarados. Como tales, los recursos expresan, comunican y reacomodan en la práctica sentidos, emociones, reglas, imaginarios sociales y trayectorias biográficas (Noel 2020); conformando así –en términos de William Sewell (1992: 11) – “manifestaciones y consecuencias de la puesta en práctica de esquemas culturales”. La clave entonces es pensar las mediaciones materiales y simbólicas como prácticas recursivas, que no implican caminos unidireccionales hacia un fin, sino relaciones, formas de interacción y participación que se influyen y transforman recíprocamente. 

Sin dudas, la referencia a George Yúdice y su libro El recurso de la cultura (2002) es inevitable, lo que amerita una consideración. En primer término, rescato como clave analítica pensar los usos sociales, económicos, políticos y geopolíticos de la noción de cultura en el contexto de la llamada globalización. Me interesa, particularmente, la transformación-traducción de la “cultura” por el “espíritu” como lexema maestro de nuestra contemporaneidad. En segundo lugar, me distancio del sentido asignado con mayor constancia en la obra y es la de recurso como conveniencia (el libro en inglés se titula The expediency of culture). Esta hermenéutica de la sospecha, cuyo núcleo argumentativo es valerse de la cultura como estratagema o solución útilpara otros fines, dificulta la posibilidad de una aproximación antropológica atenta a los significados y acciones de los sujetos. Más aun, al igual que las nociones de “religión” o “espiritualidad”, se nos presenta la necesidad de problematizar la “cultura” y “lo cultural” como categorías sociales de uso público y académico, con sentidos múltiples, dinámicos y coyunturales. 

Retomando nuestro cometido, situó a continuación una micro descripción intencionada, entre la crónica y la viñeta etnográfica, sobre proyectos artísticos donde lo espiritual se implica como recurso simbólico y material central de las configuraciones estéticas resultantes. Combinando observaciones de campo con notas y entrevistas en medios digitales y podcasts, lo que sigue es un ensayo en progreso sobre estéticas espiritualizadas en la vida argentina contemporánea. 

Exvotos y la gratitud como valor espiritual

Hace unos años participé en un proyecto de joyería artística vinculado a la (re)creación de exvotos y su exhibición. Encaminado por Jimena Ríos, directora del Taller Eloi, el proyecto tuvo dos etapas. La primera fue la elaboración de un libro que incluía fotos y textos alusivos de las piezas votivas realizadas por nueve joyero/as e incorporaba tres textos introductorios sobre los exvotos: Por gracias recibidas: exvotos de joyeros contemporáneos (Ríos 2017). La segunda involucró la realización de una exhibición en el Museo de Arte Popular de Buenos Aires entre junio y octubre de 2019, donde se incluyeron nuevas obras de artistas internacionales y la edición de un catálogo. El autor de estas palabras fue invitado a participar con un escrito para el libro (Ceriani Cernadas 2017), cuya primera parte del título derivó –como recurso también– en el nombre de la muestra y del respectivo catalogo: “Verdadero es lo hecho”: Exvotos y joyería contemporánea. Por motivos de espacio, voy a centrarme en la primera de estas producciones.

Fundado en 2013, el Taller Eloi se ubica en Florida, un barrio de la zona norte de Buenos Aires, donde lo arty y lo alternativo fluyen crecientemente. No es azaroso el hecho que Jimena y algunas de las joyeras convocadas se hayan conocido como madres en la Escuela Rudolf Steiner, señera institución de la comunidad antroposófica ubicada en el corazón del barrio y vinculada a la “rama alemana” y de clase media-alta. El proyecto surgió a raíz de un subsidio otorgado por el Fondo Nacional de las Artes en 2016 y contó con el visto bueno de Sergio Barbieri, mayor coleccionista argentino y divulgador del arte sacro de los exvotos. Los joyeros convocados debían hacer piezas que cincelaran como recurso simbólico, emotivo y estético, la antiquísima tradición de los exvotos, esos objetos materiales destinados a ofrendarse ante la certeza del creyente de que la intercesión divina concedió el pedido realizado. 

Ahora bien, desde el comienzo del proyecto quedó claro que el interés no era hacer exvotos según la tradición popular católica, sino recrearlos a partir de una operación estética donde la gratitud como acción creadora se presentó como central. Según afirmó la directora en la introducción al libro: “Estas nueve piezas también son ex votos que no van a ser depositados en una iglesia ni están hechos para devolverle un santo el favor, pero tienen la misma intención (…) La gracia fue recibida” (Ríos 2017: 9).

¿Qué expresan entonces estas obras? ¿Qué nos dicen sobre el recurso de la espiritualidad? ¿qué tópicos manifiestan? ¿Qué relaciones establecen para la conformación de un lenguaje estético espiritualizado? 

La elaboración de un corsé (hecho con papel de algodón, vendas, metal oxidado) como forma de agradecimiento por sentirse “femeninamente poderosa”, luego “de sentir que mi alma se iba degradando”, definió el trabajo de Mónica Lecouna (ibid.: 38-43). Un collar donde cuelgan dos garras de puma en cuero real se anuncia como doble agradecimiento a las fuerzas de la naturaleza y de las manos, humanas y no humanas, que recuerdan a la artista Lourdes Chicco Ruiz las de su hija jugando y las de su abuela descansando (ibid.: 74-79). El poder creativo de las manos y el vínculo filial se revelan asimismo en el cuenco de madera con tachas y clavos que la artista Carolina Luzardo Carela realizó junto a su padre (ibid: 68-73). 

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    Mónica Lecouna, Corsé.                         Lourdes Chicco Ruiz, Collar


Los vínculos familiares, filiales y conyugales se enuncian también como recursos afectivos y mnemónicos en las obras de Paula Gallardo, que agradece en sus verduras de cerámica los cuidados de su abuela y la enseñanza del trabajo en la huerta, el bordado y la costura; o en la pechera y escapulario elaborados por Corina Masciotti con telas antiguas, trapos de pañal y cintas, recursos materiales para agradecer al “poderoso viaje evolutivo de la experiencia” de maternidad y su vínculo con su hijo de 6 años. También el broche de plata que evoca una corriente liquida, a partir del cual Rita Bamidele Hampton agradece a la naturaleza “por mostrarme esta maravilla del cuerpo: la lactancia” (ibid: 58). Nuevamente la “naturaleza” se dispone como tema capital en las obras de Patricia Tewel, que agradece en sus broches de figuras míticas al poder creativo del fuego, “que convoca, da calor y transforma”; mientras que Maria Laura Licandro Alcántara, agradece en sus broches de algodón y plata su apertura a la respiración consciente, luego de haberse mudado a Bariloche, donde las caminatas le abren “una conciencia de pequeños gestos” y un agradecimiento “a estar presente aquí y ahora” (ibid.: 52). 

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    Patricia Tewel, Un montón de fuegos                                                                Corina Mascotti, Pechera

(Continua)

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