*Hugo José Suárez*
Lunes 6 de octubre
La intensidad de lo vivido ayer requiere lenta digestión. Seguramente varios años estaré dándole vueltas, acudiendo a las fotos y a las notas tomadas. Fueron muchas cosas. Nada mejor que un espacio para reflexionar entre todos. Es lo que está programado para esta jornada. En las instalaciones de la Universidad Católica del Norte, empezamos con la inauguración protocolar. Primero la conferencia de inauguración que está a cargo de Federico y yo. Luego la mesa de discusión. Entramos a una sala de seminario los que asistimos el día anterior a la fiesta en Andacollo, pero ahora nos acompañan Pilar Silveira, desde Uruguay; Edilmar Cardoso, desde Santiago; y Fabricio Focart desde Argentina. Somos un colectivo de sensibilidades distintas, de saberes variados. Por turnos, cada uno comparte sus observaciones. No dejo de anotar, sorprendido por la riqueza de este grupo que desde la teología, el arte, la música, la imagen, la pastoral, la filosofía o la sociología, asimilan un mismo fenómeno. Uno quedó sorprendido con los objetos y la materialidad, otro con el sentido religioso, uno más con los gestos y las miradas. Nos complementamos, crecemos, aprendemos. Me siento privilegiado por estar en un equipo que analiza desde varias tradiciones intelectuales.

Es mi turno, debo compartir mis impresiones. Comienzo manifestando mi gratitud por haber participado en una fiesta religiosa tan viva, en contacto directo, desde el campo. Hace algunos años que no había estado en un evento de esa naturaleza, con esa fuerza. Fue la ocasión de sentir lo que hace la fe con la gente, o lo que hace la gente con fe. Disfruté de mi presencia física al medio de la fiesta, mi propio cuerpo sintió los tambores, el sol, el cansancio, el ruido, el silencio, y todas las formas de la mística colectiva. Miré desde adentro, y no sólo con los ojos, sino con todos los sentidos. Recordé a Don Juan diciéndole a Carlos Castaneda: “Me gusta ver (…) porque sólo viendo puede un hombre de conocimiento saber” (Castaneda 2013:25). Me impresionó la capacidad organizativa de un evento tan grande. Por supuesto que no es la estructura católica la responsable de monumental tarea -estaría sobrepasada-, sino de una burocracia paralela que juega con otros actores y otras reglas, parte de lo que en México se ha conceptualizado como mayordomías, o en mi propia tesis, los agentes para eclesiales (Suárez 2018a). Me quedó claro que lo que vimos con densidad religiosa desbordante, forma parte de un sistema compuesto por múltiples elementos, desde las animitas en el camino, hasta las autoridades oficiales o paralelas, las imágenes de las casas, el mercado religioso, los rezos, los bailes semanales, las decenas de grupos, etc. La fiesta del domingo es la punta de un nevado sostenido en prácticas cotidianas todo el año, fiestas semanales, ensayos regulares, múltiples actos de fe cotidianos. También me llamó la atención el contacto físico, el registro visual y sonoro de lo religioso; con la virgen uno se comunica mirándola, bailándole, cantándole. Mirar desde los ojos de la fe transforma la naturaleza de la mirada. Además, todo sucede en un desorden ordenado, o con reglas propias de su orden (Duhau y Giglia 2008), cada conjunto se relaciona con la Virgen desde su escenario, pero a la vez todos están juntos; esa anarquía gozosa confluye en una sola fuerza cuando el silencio llega y todas las miradas confluyen en la Virgen. Es cuando somos parte de una comunidad de fe, amparados en la imagen.
En la noche viene otro momento muy especial. Nos visitan en la universidad cuatro miembros de comunidades de bailes distintos: Don Luis del Baile de danza 11 de Coquimbo, Sra. Carolina del Baile chino n 1 Barrera de Andacollo, Sra. Rita y Sra. Catalina del baile Pieles Rojas del Carmen de Villa Dominante de Coquimbo. Cada uno carga una historia de fe. Don Luis, que tiene 78 años, cuenta que cuando nació tenía una enfermedad delicada; su madre lo encomendó a la Virgen para que viviera, y así fue: vivió para bailar. Ante la pregunta sobre hasta cuándo seguirá danzando, considerando su avanzada edad, responde con contundencia: “se puede seguir sirviendo a la Virgen, no se puede dejar de bailar, yo no tengo esa idea”. Carolina trae una serie de instrumentos para mostrarnos, los saca de su bolsa con una estampa de la Virgen y nos cuenta con detalle la historia de cada uno. Ella reivindica su devoción como una práctica indígena, que le fue heredada por sus abuelas que fueron devotas a la Virgen y su padre que fue Cacique. Catalina explica que forma parte del baile aunque no danza, es Porta Estandarte o abanderada. Rita es jefa del baile, piensa que “todos pueden bailarle a la Virgen si lo hacen con fe”. De hecho, su incorporación al grupo fue accidental, su nombre para dirigirlo surgió porque otras personas estaban inhabilitadas por protocolos administrativos; ella asumió la tarea con profunda convicción: “Virgencita tú me pusiste aquí, por algo el Señor te llama, la Virgen te llama”. Con conmovedora sencillez y profunda sabiduría, nos comparten su camino en la ruta de la fe desde el cuerpo.


Martes 7 de octubre
En la mañana retomamos las reflexiones en la sala del seminario en la Universidad. Continúa la riqueza analítica de nuestro grupo tan diverso, ahora con los nuevos insumos compartidos por los danzantes el día anterior. Salen nuevos temas, la tradición, la palabra, el sonido, el gozo, la piedad, el evangelio, la doctrina, la resonancia, el arte, el método, la ciencia, la colonización-descolonización. Tomo notas, la densidad es grande, habrá tiempo para dejar reposar las ideas y darles forma.
En la tarde toca ir al centro de La Serena. Descubro una ciudad muy montada y dinámica. La plaza central es grande, cuadrada siguiendo el trazo colonial. Me cuentan que las construcciones son relativamente recientes, pues a mediados del siglo pasado se impulsó el “Plan Serena”, que fue la restauración de un casco urbano que imite la arquitectura colonial, convirtiendo la ciudad en un polo comercial y turístico. Recrear el pasado para presentarlo al futuro. Y funcionó. En la plaza el teatro principal anuncia espectáculos con artistas nacionales prestigiosos. La iglesia es grande, generosa; dentro, entre algunas imágenes, me encuentro con la Virgen de Guadalupe en uno de los altares. Vamos caminando por la bella y arbolada Avenida Francisco de Aguirre que desemboca en el faro, al borde del mar. En el camino pasamos por la Casa Museo Gabriela Mistral, además de ver las esculturas de mármol que adornan el paseo y que todavía conservan los grafitis con espray rojo que se hicieron en todo Chile en el “estallido social” del 2019.
Miércoles 8 de octubre
Esto se acaba. Es el último día. Nos reunimos en la universidad a evaluar lo aprendido y, a la vez, pensar en lo que viene. Juan introduce la pregunta con claridad: ¿Qué nos llevamos?, y sobre todo ¿qué sigue? Todos exponemos la síntesis de nuestros aprendizajes, qué viene con nosotros en el equipaje. Y de cara al futuro, también cada uno propone una agenda. Yo reflexiono sobre qué hacer con todo lo vivido. No quiero cargar con la tarea de escribir un artículo científico, o un capítulo, o emprender una investigación formal sobre el tema. Quiero alargar el gozo de los días compartidos, y no salir con tareas que más bien son cargas. Una noche antes, mientras cenábamos a la orilla de la playa Gala preguntó qué es lo que más nos gusta hacer, yo respondí: “salir en mi bicicleta a un café de especialidad, para ver fotos y escribir”. Decido que cumpliré mi intención inicial: escribiré un texto disfrutando cada palabra, e intercalando textos con imágenes. Mientras pienso en el formato, recuerdo que uno de los soportes que más me gusta es el diario; lo he hecho en París, en Bolivia, en Nueva York y en otros viajes (Suárez 2015b, 2018d, 2022b, 2022a). Lo tengo decidido, escribiré el Diario de Coquimbo. Y es así como nacen estas páginas, en varios cafés en Ciudad de México, días después de la “residencia” que tuvimos en Chile, saboreando los recuerdos, recorriendo las imágenes, redactando las emociones. Algo me queda claro: se tiene que repetir.

Referencias
Castaneda, Carlos. 2013. Una realidad aparte: nuevas conversaciones con don Juan. Segunda edición (Tezontle). México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.
Duhau, Emilio, y Angela Giglia. 2008. Las reglas del desorden: habitar la metrópoli. Arquitectura y urbanismo. México: Siglo veintiuno ed.
Suárez, Hugo José. 2015a. Creyentes urbanos: sociología de la experiencia religiosa en una colonia popular de la ciudad de México. México D.F.: IIS-UNAM.
Suárez, Hugo José. 2015b. Un sociólogo vagabundo en Nueva York. La Paz: Editorial 3600.
Suárez, Hugo José. 2018a. «Agentes para-eclesiales en la religiosidad popular latinoamericana». Pp. 13-19 en Diccionario de religiones en América latina, editado por R. Blancarte. México: Fondo de Cultura Económica.
Suárez, Hugo José. 2018b. Hacer sociología sin darse cuenta: una invitación. Primera edición. Colección ensayo. La Paz, Bolivia: Editorial 3600.
Suárez, Hugo José. 2018c. La Paz en el torbellino del progreso. Transformaciones urbanas en la era del cambio en Bolivia. Ciudad de México: IIS-UNAM.
Suárez, Hugo José. 2018d. Viajar, mirar, narrar. La Paz: Ed. 3600.
Suárez, Hugo José. 2022a. Diario de La Paz. Apuntes de un retorno. La Paz: Editorial 3600.
Suárez, Hugo José. 2022b. París a diario. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
Suárez, Hugo José. 2023. Guadalupanos en París. Ciudad de México: IIS-UNAM.
Villoro, Juan. 2023. La figura del mundo: el orden secreto de las cosas. Primera edición. Ciudad de México: Random House.
