Diario de campo: Marruecos

*Gustavo Morello*

Asistí al foro de la ISA en Rabat, Marruecos, entre el 6 y el 11 de julio de 2025. Aquí, algunas notas de campo sobre lo religioso en Marruecos, basadas en impresiones propias, conversaciones con colegas de América Latina que asistieron al congreso y los guías que acompañaron un recorrido de 5 días que hice luego por el país.

Hay una historia de ida y vuelta entre Marruecos y España. Si es que no está escrita, una historia común de Marruecos y España es necesaria, con las idas y vueltas, los encuentros y desencuentros en ese oeste del Mediterráneo. Siempre supe que los árabes del norte de África marcaron la cultura de la península Ibérica, pero no al revés. Sin embargo, la arquitectura andaluza transformó esta región. Los árabes que estaban en la península ibérica, al final de la Reconquista, terminaron exiliados en la orilla sur del mar.

Muchos judíos, expulsados del Al-Ándalus luego de la Reconquista, se establecieron en Marruecos. En todas las ciudades antiguas que visitamos había barrios judíos (Mellah, salinar, ya que la venta de sal fue uno de los oficios desempeñados por sus habitantes). Según nos contaron, durante la administración francesa (1912-1956), cuando el régimen de Vichy pidió la deportación de judíos (1940), la respuesta del rey fue que en Marruecos no había judíos ni musulmanes, solo marroquíes. A pesar de una presencia histórica y notable (casi unos 250.000 marroquíes eran judíos a fines de la Segunda Guerra), cuando se fundó el Estado de Israel (1948) hubo, por distintas hostilidades antisemitas, una emigración masiva (1949) que continuó hasta fines de los ‘60. Una negociación posterior permitió a los judíos israelíes volver a Marruecos de visita. Hoy quedan menos de 5.000 judíos en Marruecos.

La bandera de Marruecos de la dinastía alauita tenía una estrella de 6 puntas que se asemejaba demasiado a la de la bandera israelí, por eso la cambiaron a la actual de 5 puntas. Lo que cuentan las guías es que esas 5 puntas representan tanto las 5 oraciones diarias como los 5 pilares del islam: fe en Dios, oración, ayuno, peregrinación y limosna.

Marruecos es un país con el islam como religión de Estado y libertad religiosa. El rey es quien garantiza la libertad religiosa (que no es un derecho, sino una concesión real). La corona sostiene las mezquitas, paga a los imanes, regula la formación de las madrasas y controla que los grupos cristianos no hagan proselitismo. 

Los cinco llamados diarios a la oración se escucharon con claridad en todas las ciudades que visitamos. El llamado, dicen, es el mismo siempre, a toda hora y en toda mezquita. Es un canto breve, de dos o tres minutos, muy lindo, que en mis oídos argentinos suena muy parecido al cante jondo flamenco. Los musulmanes no tienen que ir a la mezquita a rezar; pueden desplegar su alfombra en la calle para tener un lugar limpio. Lo fundamental es hacer las abluciones antes de la oración y rezar mirando al “este religioso”, hacia la Meca. Fuera de los momentos de oración, las mezquitas se cierran.

Hay mezquitas en cada barrio, me impresionó la cantidad. Los minaretes suelen ser el edificio más alto. El símbolo es que la palabra de Dios está sobre todo y el llamado a la oración tiene que llegar a todos. En Marrakech, una ciudad históricamente importante y económicamente relevante, la construcción más alta es aún la del minarete de la principal mezquita. Hasta hace 30 años, según la guía, los barrios tenían una mezquita, una madraza para la enseñanza, una fuente de agua, un baño común y un horno compartido. Hoy, con la red de gas y agua, y los baños domiciliarios, esos puntos de encuentro comunitario se han perdido. Y ha cambiado la trama de la vida social. 

Me parece que, sin el apoyo real, sería muy difícil volver al modelo anterior, en el que la comunidad se hacía cargo del imán y sostenía a la mezquita, que era un lugar para albergar a los forasteros y de ayuda al necesitado. Es cierto que hoy el control real supervisa lo que se enseña; pero también es cierto que, a la vez, mantiene vivo un elemento del tejido social que está en transformación. 

Vimos pocos hombres (solo van varones) yendo a la oración en las ciudades: muy pocos en Rabat, pocos en Fes, algunos más en Marrakech. En cambio, sí observé las marcas corporales de la práctica religiosa: en los varones, el cayo en la frente que es una de las modificaciones corporales de quienes rezan con la cabeza apoyada en el piso. En el caso de las mujeres, la ropa. La mayoría se cubre el pelo de alguna manera. En Rabat varias van descubiertas, en el interior todas con velo, burka, etc. Pero el velo es lo más común. Todas las mujeres que vi, incluso las que no usan velo de ningún tipo, se visten con discreción; no noté en mujeres locales polleras ni vestidos cortos.

Si bien no vimos muchas grutas o ermitas en las calles o las rutas, tan frecuentes en las carreteras latinoamericanas (aunque me contaron que sí hay tumbas en las montañas y cerros, que honran a personas santas que son veneradas); sí hay mucha mención a Dios en el lenguaje: salam aleikum, alhamdulillah, insha’allah… Parece difícil, para un ateo, hablar en un árabe cotidiano…

Ser musulmán está fuertemente asociado a la identidad nacional, en parte porque esa religión es compartida por los dos grandes grupos étnicos que conforman Marruecos: los árabes, que son minoría, pero dominan; y los bereberes o amazig, que son nativos y la mayoría, los originales nómades del desierto. Me imagino que las prácticas religiosas difieren en cada grupo. 

Estaría bueno medir infraestructura religiosa y relación con la corona, prácticas en el templo y otras prácticas habituales en ciudades y rurales, varones y mujeres, árabes y bereberes. Si dudas, esas aproximaciones al campo requieren equipos locales, no solo con conocimiento del idioma, sino también de las costumbres locales. Ojalá espacios como este Foro de la ISA faciliten la posibilidad de trabajos comparativos.

Compartilhe

Facebook
WhatsApp
LinkedIn
Email

Newsletter

Cadastre-se para receber informativos por email