La cuestión Gebel

*Marcos Carbonelli*

En este primer tercio del año político en Argentina, Dante Gebel se posicionó como una figura novedosa, en razón de los pronunciamientos públicos de Concertación Argentina (la entente sindical / mediática que plantea su candidatura presidencial para el 2027) y de sus propias declaraciones frente a los micrófonos más importantes del país. En redes, en las calles y en los cafés de Buenos Aires y de otras ciudades del país conmueve la posibilidad del “pastor presidente”.

¿Quién es Dante Gebel? En tiempos de sobre-información, optamos por una metáfora sintética: Gebel es un unicornio religioso. Un predicador que, por su manejo escénico y expertise retórica, se constituyó en una figura totalmente globalizada y que prefirió construir desde la calle Corrientes antes que desde las estructuras eclesiales.

En sentido estricto no es el primer líder evangélico argentino que trasciende fronteras. Luis Palau, también es de origen argentino y supo consolidarse como predicador internacional famosísimo, con contactos importantes en los circuitos de poder latinoamericano. Pero, a diferencia de éste, Gebel se preocupó por cultivar y mantener lazos sólidos con la escena político- religiosa nacional.

En algún sentido Gebel es la síntesis perfecta del lenguaje espiritual moderno: arma shows con elementos de la cultura pop (Matrix, por ejemplo), alejándose de la solemnidad y se codea con figuras del espectáculo. Es también, a su manera, un líder político soft: en sus shows habla de lo político, antes que de la política. Tematiza valores sin meterse en la cuestión técnica (la inflación, el dólar, Vaca Muerte, los nombres propios).

Hecha esta introducción para lectores desprevenidos, en esta oportunidad quisiera llamar la atención sobre dos interrogantes que se desprenden de lo que llamaría la cuestión Gebel: las acciones y la conversación pública en torno a su potencial inscripción en la arena política.

En primer término la cuestión Gebel nos conecta con un enigma político de primer orden. Los que impulsan su candidatura consideran que sólo un liderazgo de ese tipo, sin pasado en la política profesional (sin archivo ni carpetazo posible) y con un lenguaje renovado podrá hacer frente a Javier Milei; ser su contrafigura. Un outsider para (frenar) otro outsider. Dicho con otras palabras: en el planteo de Concertación Argentina subyace una hipótesis: Javier Milei inauguró una nueva era en el sistema político argentino. Según ellos, la política profesional de la grieta se agotó, encontró un límite total en el proceso electoral 2023 y será incapaz de elaborar propuestas y narrativas convincentes para una sociedad fragmentada, ansiosa, frustrada y con poca paciencia.  Entonces (concluyen), las respuestas hay que buscarlas en el “afuera” – ya el “adentro” está agotado, tocó un límite. ¿Están en lo correcto los animadores de la candidatura de Gebel? ¿Manejan las hipótesis correctas? En definitiva… ¿que fue/ que es Milei? ¿Ruptura o excepción?

Si esta primera cuestión se inscribe en una atmósfera politológica, la segunda se conecta con la sociología de la religión. Si se tiene en cuenta que los evangélicos constituyeron y constituyen una minoría estigmatizada en Argentina, llama la atención que un circuito de dirigentes políticos y sindicales abiertamente planteen su candidatura y trabajen para ella; que la primera línea del periodismo se preocupe por obtener su palabra (y en lo posible, su confirmación) y que referentes políticos como el gobernador Llaryora o figuras públicas como el conductor televisivo Mario Pergolini se muestren con él y lo destaquen. Un fenómeno impensado décadas atrás.

Si agudizamos la mirada descubrimos un común denominador que enlaza la candidatura potencial de Gebel con la reciente institucionalización de la figura religiosa en el Código Civil, la creación de las capellanías evangélicas en el ámbito de las fuerzas de seguridad de la ciudad de Buenos Aires y provincia de Buenos Aires, el convenio entre ACIERA (Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina) y el ministerio de Capital Humano,  la celebración de los cuarenta años de ACIERA en el CCK (Centro Cultural Kirchner), el nombramiento de pastores como directores de culto en el conurbano bonaerense, entre otros eventos. Nos referimos a la progresiva legitimación de lo evangélico como categoría social. Un proceso político social que se construyó “desde abajo hacia arriba”; esto es, desde las periferias populares que incorporaron a los evangélicos a su red de soluciones de problemas hacia los pasillos de los ministerios y los salones de la clase dirigente.

A razón de verdad, y para hacerle justicia a toda la complejidad de la conversación pública, también es cierto que las apariciones de Gebel activaron otro tipo de comentarios.  De forma puntual nos referimos al etiquetamiento de la performance pública evangélica como “chanta”. Dicha expresión, oriunda del lunfardo, adjetiva a aquel/aquella que alude a un falso saber para engañar a otros y lucrar. En la raíz de esta etiqueta posiblemente esté la experiencia del pastor Giménez y sus escándalos de los años noventa, amplificados por el sesgo de aquellos/as que siempre consideran a todo lo evangélico como foráneo, invasor e imperialista. Gebel se hizo cargo del estigma y lo expuso en su entrevista con el periodista Pedro Rosenblat, pero se trata de un imaginario con raíces profundas, difíciles de arrancar. Huelga decir que la indefinición del propio Gebel con respecto a si será o no presidenciable contribuye poco a desmontar esta asociación. En suma: buena parte de la suerte política de Gebel (si se define) se dirime en su capacidad de desempatar esta tensión entre el reconocimiento que crece y el estigma que aun gravita. Si supera este trance, aún queda develar si podrá construir una interpelación robusta y masiva, allende las fronteras evangélicas y en sintonía con el enigmático estado de salud del sistema político argentino.

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