* Gustavo Morello SJ, Lucas Keller Sarmiento, Alejo Pisoni, Diego Ríos Bru y Lucas Beyer *
Los cuerpos hablan. En especial, los cuerpos de las atletas. Años de entrenamiento, de lesiones, de cirugías y de flexiones… todo ello reside en el cuerpo.
Los tatuajes también; y la sociología es una forma de escuchar lo que dicen. Realizamos este ejercicio de escucha para analizar los tatuajes de los integrantes de la Selección Argentina de Fútbol Masculino (la «Albiceleste»), usando los datos disponibles: contexto cultural y laboral, ubicación de los tatuajes en el cuerpo y, por lo tanto, audiencia, los diseños y el origen de las imágenes.

El contexto de la profesión y de lo religioso
En el fútbol, diversos estudios han reportado que el 34% de los jugadores masculinos que participaron en el Mundial del 2018 lucían tatuajes visibles; entre los sudamericanos fue el 53%. El 50% de los jugadores latinoamericanos de La Liga española en la temporada 2018-2019 tenían tatuajes visibles. La presencia de tatuajes en el fútbol es tan generalizada que los medios de comunicación suelen destacar a aquellos jugadores que carecen de ellos; tal es el caso de Cristiano Ronaldo.
Algunos académicos sugieren que los tatuajes constituyen un medio a través del cual los deportistas expresan su humanidad; cuentan quiénes son realmente y cuáles son las cosas que verdaderamente les importan; ya que, debido a su fama, los futbolistas de élite corren el riesgo de que su persona sea eclipsada por el personaje.
La carrera de los futbolistas argentinos de élite ha experimentado una transformación: han pasado de niños jugando en las calles, a iniciar su formación en clubes de fútbol locales o en academias especializadas. Estos jugadores construyen sus avatares profesionales desde el inicio, centrados en sus carreras profesionales, patrocinadores, y rara vez emiten declaraciones públicas sobre cuestiones ajenas al ámbito estrictamente futbolístico. Esta diferencia resulta evidente al comparar a estos jugadores tanto con Diego Maradona (1960-2020), como con sus homólogos de la Selección Nacional de Francia. Kylian Mbappé, entre otros, realizó declaraciones públicas sobre las elecciones legislativas francesas de julio de 2024 y los riesgos de votar a la derecha antinmigrante. Este tipo de intervenciones públicas no es habitual entre los argentinos.
El deporte profesional tiene sus propias formas de regular el cuerpo. Ser futbolista conlleva un estilo de vida y unas expectativas sociales particulares, distintas de las que recaen sobre las jugadoras mujeres. Las escuadras nacionales femeninas —incluso las exitosas, como la de hockey sobre césped— no son consideradas símbolos de identidad nacional. Podríamos suponer que las deportistas se enfrentan a una menor presión social; sin embargo, no es así.
Existen muchas opiniones en torno al cuerpo de las mujeres.

Cuando Yamila Rodríguez —delantera de la selección nacional femenina que disputó la Copa Mundial de 2023— fue vista luciendo un tatuaje de Cristiano Ronaldo en su pierna derecha (tiene otro de Diego Maradona), periodistas y aficionados al fútbol argentinos expresaron su descontento por haberse tatuado a la superestrella portuguesa y no al propio ídolo argentino, Lionel Messi. Una traición a la identidad nacional…
Como sabemos, desde la época de los atletas olímpicos griegos, el deporte ha servido como plataforma para la expresión de lo sagrado. El contexto religioso provee símbolos para expresar lo sagrado. Si bien la cultura religiosa latinoamericana tiene influencias indígenas, afrodescendientes y cristianas, hoy en día la mayoría de los creyentes pueden acceder a narrativas y símbolos provenientes de diversas tradiciones religiosas, espirituales y seculares. Algunos autores describen el panorama religioso contemporáneo en América Latina como secularizado. La diversificación del campo religioso y el declive en la asistencia a los templos son consecuencias de tendencias sociales modernas que relegan la religión al ámbito privado. Sostengo, en cambio, que una descripción más precisa del panorama religioso latinoamericano es la de una «modernidad encantada», que da cabida a diversas manifestaciones espirituales y religiosas en el ámbito público, así como al surgimiento de nuevas prácticas religiosas.
Hablar sin palabras
Para escuchar lo que estos tatuajes dicen, armamos un equipo intergeneracional, intercultural e interdisciplinario. Los 26 jugadores que conformaban la lista de la selección argentina —presentada el 14 de noviembre de 2022— constituyeron nuestra muestra, y el último día del torneo (18 de diciembre de 2022) sirvió como fecha de corte. Alcanzamos la saturación de la muestra tras recopilar 196 fotografías.

En ningún momento tuvimos acceso directo a ningún jugador. Nos basamos en fotografías publicadas, así como en declaraciones y entrevistas de los jugadores difundidas en los medios de comunicación masivos y en las redes sociales; espacios en los que mostraron o comentaron sus tatuajes, o bien hicieron referencia a sus familiares, sus lugares de origen y otras experiencias personales.
Asimismo, recopilamos imágenes de acceso público procedentes de periódicos, blogs y redes sociales. Y realizamos entrevistas en profundidad a dos jugadores y a un agente —todos ellos nacidos en Argentina, y ninguno vinculado a este seleccionado— con el fin de comprender mejor la trayectoria profesional.
En primer lugar, analizamos los datos demográficos. Ocho de los futbolistas jugaban en España; seis, en Inglaterra; tres, en Francia y en Portugal; dos, en Italia; y uno, en los Estados Unidos, Alemania, Argentina y los Países Bajos. Diez de ellos no tenían hijos, mientras que 16 tenían uno o más. El jugador de mayor edad había nacido en 1986, y los dos más jóvenes, en 2001. No hallamos datos fiables sobre su afiliación religiosa; un hecho que sugiere que la religión es percibida como un aspecto irrelevante tanto por las asociaciones de fútbol profesional como por la prensa deportiva, las dos fuentes principales de gran parte de las imágenes y de los datos demográficos recabados.
A continuación, creamos un archivo para cada jugador, en el que a cada tatuaje se le asignaron una imagen y un texto con una breve descripción; cada imagen recibió un nombre descriptivo y se ubicó en la carpeta del jugador correspondiente. Esta base de datos organizaba todos los tatuajes que poseía cada jugador. Seis jugadores no tenían tatuajes al momento de realizarse este proyecto. En total, identificamos 226 tatuajes.
Exigencias de la carrera profesional
En lo que respecta a la trayectoria profesional, los futbolistas tienen una vida útil de aproximadamente 20 años. Por lo general, comienzan a los 17 años y rara vez continúan más allá de los 37 años, dependiendo de su posición en el campo, de las ligas en las que juegan y de su estado de salud general. Habitualmente, inician su formación en academias y, a los 12 años, participan en pruebas en clubes. Si los clubes muestran interés, algunos jugadores pueden firmar contratos profesionales ya a los 14 años. Algunos debutan en las divisiones inferiores antes de jugar en la primera.
Cuando un futbolista se muda fuera de su país (como vimos, 25 miembros de la Albiceleste jugaban en el extranjero), suele hacerlo con algún miembro de su familia, pareja o amigos. Para muchos, este grupo constituye su principal red social, ya que la mayoría de los jugadores solo hablan español, y tienen poco tiempo libre para socializar. Junto con el nacimiento de sus hijos, estas relaciones y eventos pueden quedar registrados en sus cuerpos.
En cuanto a la normativa sobre el cuerpo, convertirse en profesional implica que sus cuerpos son activos de agentes, fondos de inversión, y equipos. Para proteger la salud de los jugadores (y su inversión), los clubes imponen ciertas restricciones en sus contratos. Estas pueden incluir actividades que los futbolistas no pueden realizar (como conducir motocicletas, andar a caballo, esquiar, o paracaidismo) o regulaciones sobre su tiempo libre (descanso diario obligatorio, cierta supervisión durante las vacaciones). Algunos jugadores tienen seguro para sus piernas. Los entrenadores pueden hacer exigencias dietéticas y de peso. Los clubes proporcionan profesionales (psicólogos y nutricionistas) que apoyan el bienestar de los jugadores. Se desaconseja ir de fiesta, y algunos entrenadores animan informalmente a los jugadores a que establezcan una relación estable con su pareja. Estas reglas buscan evitar riesgos para la salud y distracciones emocionales. El jugador es una inversión que requiere cuidado.
Ni siquiera en las redes sociales los jugadores pueden decir o publicar lo que quieran. Muchos tienen contratos con empresas que gestionan sus cuentas y venden publicidad. Los contratos incluyen el uso de su imagen con fines de marketing y restricciones sobre lo que pueden vestir, consumir o mostrar en sus redes.
Los futbolistas tienen cierta libertad en el vestuario, donde muchos muestran fotos familiares e imágenes religiosas. Algunos realizan prácticas religiosas en el campo, como persignarse antes de entrar, al final del partido o después de marcar un gol. Otros colocan imágenes, fotos o frases religiosas en sus tobilleras o en la camiseta que llevan por debajo de la oficial. Sin embargo, los jugadores no pueden quitarse la casaca del equipo: la FIFA regula las celebraciones.
Todas estas exigencias convierten los tatuajes en uno de los pocos espacios de libertad. Quienes los llevan eligen un motivo para plasmar en su cuerpo, se toman parte de la piel y, en su tiempo libre, programan una cita con un tatuador y pagan por el tatuaje. Esta inversión permanente de recursos limitados (piel, tiempo y dinero), en medio de estrictas normas corporales, convierte al tatuaje en un testimonio de algo significativo.

Los diseños
Los tatuajes son declaraciones que comunican a través de sus diseños y ubicación en el cuerpo (definiendo así el público que puede verlos). Comencemos por el diseño.

Para explorar el contenido, primero “codificamos” el diseño del tatuaje de cada jugador, describiéndolo con la mayor claridad posible, sin asumir ningún significado previo. Los códigos más comunes fueron los “nombres” (17 en total), seguidos de 14 “citas” en varios idiomas (español, inglés, árabe y mandarín). Diez tatuajes representan imágenes de Jesucristo, nueve de la Virgen María y seis de cruces. Identificamos cuatro rosarios, dos Budas, dos “manos en posición de oración” y una imagen de ángeles, Gauchito Gil (un santo popular argentino), San Expedito y una iglesia.
Hay seis tatuajes de relojes, tres coronas, dos brújulas, una ruleta y un atrapasueños. En total, diez jugadores llevan tatuado uno de estos «artefactos». La mayoría de estos tatuajes se encuentran en zonas visibles (manos, brazos y antebrazos); solo uno (en el estómago) no lo está. Cuatro jugadores tienen estrellas tatuadas. Tres jugadores tienen tatuajes de «ojos abiertos», habitualmente ubicados en la cara interna de los antebrazos. Dos tienen corazones «anatómicamente correctos» (a diferencia del que asociamos con el «amor»).
Tres jugadores tienen tatuajes relacionados con la cultura popular, de series de televisión como Breaking Bad, Prison Break, Vikings, Peaky Blinders, The Walking Dead, Pokémon, Frozen y Los Simpson.

Lo que dicen los tatuajes
En la segunda etapa, agrupamos estos códigos en categorías que ya sí requerían cierta interpretación de nuestra parte. Como equipo de investigación, proveníamos de diferentes contextos generacionales, culturales y religiosos, lo que facilitó la crítica de nuestros propios sesgos culturales al interpretar los tatuajes desde diversas perspectivas. Tras analizar los códigos de manera individual, los discutimos colectivamente y llegamos a cuatro categorías: tatuajes religiosos, de seres queridos, profesionales y aspiracionales. Estas categorías son mutuamente excluyentes (no se superponen), exhaustivas (abarcan todos los tatuajes de la muestra) y relevantes (son teóricamente significativas).
En la categoría de «tatuajes religiosos» incluimos códigos que representan figuras religiosas propias de la cultura latinoamericana: la Virgen María, Jesús, Buda, santos, rosarios, textos, edificios y cruces. 15 jugadores poseen al menos uno de estos tatuajes. Estas imágenes religiosas suelen ocupar la totalidad del hombro o del bíceps, o bien la parte superior o inferior de la pierna. No observamos tatuajes devocionales en la espalda de los jugadores, una ubicación habitual en otros casos (Santa Muerte, Cofrade, Sergio Ramos).
16 llevan tatuajes dedicados a «seres queridos», categoría que incluye códigos como «números», «textos», «estrellas», «fechas», «partes del cuerpo», «imágenes humanas» y «coronas». Consultamos en la web los nombres y las fechas, y descubrimos que los tatuajes que incluían nombres y fechas estaban vinculados al ámbito familiar: padres, parejas, hijas, hijos, abuelos y también mascotas.

15 jugadores tienen tatuajes relacionados con sus carreras profesionales. En esta categoría, incluimos cinco códigos: «trofeos», «elementos futbolísticos» (balones, camisetas), «escudos» de equipos, «edificios» y «números». La mayoría de los números que encontramos corresponden a los dorsales que los jugadores usan. A excepción de las representaciones de la Copa América, la mayoría de estos tatuajes son de menor tamaño que los de temática religiosa o los que representan animales. Los tatuajes alusivos a la carrera profesional suelen ubicarse en la pierna dominante del jugador.
16 futbolistas tienen tatuajes “aspiracionales”: aquellos que representan la persona que aspiran a convertirse, cómo se perciben a sí mismos. En esta categoría, incluimos códigos como «relojes», «brújulas», «ruletas», «palabras», «citas», «animales» y «figuras humanas». En cuanto a los tatuajes zoológicos, cabe señalar que en los ecosistemas de Argentina habitan pumas y jaguares, pero no leones, tigres, osos, lobos o elefantes. Especulamos que estos animales (asociados con la fuerza y el poder) representan la autopercepción o las aspiraciones de los jugadores.
La ubicación en el cuerpo
La ubicación de los tatuajes en el cuerpo nos revela cuál es el público al que va dirigido el tatuaje. Para visualizar la ubicación, realizamos con Adobe Illustrator, un diseño de los tatuajes en el cuerpo de cada jugador.

Luego, enfrentamos dificultades a la hora de contabilizar los tatuajes: resultaba difícil determinar dónde terminaba uno y comenzaba otro. Para resolver este problema, elaboramos un gráfico basado en la «Regla de los nueve» para evaluar las quemaduras corporales; y aplicamos este mismo principio para estimar la cantidad de tinta presente en la piel.
Con esta herramienta, creamos un mapa para determinar qué zonas del cuerpo presentaban la mayor concentración de tatuajes. Es importante señalar que no contabilizamos el número de tatuajes individuales, sino únicamente la presencia de tatuajes en cada zona específica.

Nuestro “mapa de tatuajes” revela que las zonas con mayor cantidad de tinta son la cara anterior del brazo izquierdo, la cara anterior del antebrazo izquierdo, y la cara anterior del brazo derecho (c/u con un 11 %) y la cara anterior del antebrazo derecho (9,35 %). Las zonas corporales con menor presencia de tatuajes son la cara anterior del muslo derecho (2,88 %), la parte posterior de la cabeza (0,72 %) y la parte posterior del cuello (0,72 %).
Teniendo en cuenta el público potencial, clasificamos las partes del cuerpo ordenándolas desde las más visibles en el terreno de juego hasta las menos visibles. (Las zonas aparecen detalladas en la figura 1)
Categorizamos el cuerpo humano en tres secciones. La Zona A (cabeza, cuello, brazos y antebrazos) es la más visible durante el juego en el campo y representa el 27% de la superficie corporal. Esta es el área donde los jugadores lucían la mayor cantidad de tatuajes, casi el 60%.
La Zona B (muslos y piernas) es visible ocasionalmente y comprende el 36% de la superficie corporal. Esta es la segunda área con mayor cantidad de tatuajes, albergando el 25% del total. Todos los tatuajes del Trofeo de la Copa América se encontraban en la Zona B.
Finalmente, la Zona C (torso anterior y posterior, ingle) es rara vez visible y, si bien abarca el 37% de la superficie corporal, solo representa el 15% de la tinta.

Los sagrados que marcan la vida
20 de los 26 jugadores tienen tatuajes. Los tatuajes religiosos están influenciados por el catolicismo: imágenes de Cristo, de la Virgen María y de San Expedito, junto con cruces, rosarios, y ángeles. La piedad latinoamericana también se manifiesta en el uso de flores para adornar imágenes religiosas y en la ausencia de citas bíblicas, algo habitual entre los deportistas estadounidenses. Sin embargo, la diversidad religiosa también es evidente: Buda, el Gauchito Gil y palabras como «energía», o artefactos como los atrapasueños, reflejan el dinámico panorama religioso de Argentina.
Los seres queridos suelen aparecer representados a través de sus nombres. Elegimos la expresión «seres queridos» en lugar de «familia» porque, al indagar en el significado de los nombres, descubrimos que a menudo se refieren a una figura paterna o materna, más que necesariamente a los padres biológicos. Los cuerpos de los jugadores revelan que las familias latinoamericanas trascienden el núcleo familiar tradicional. Incluso las mascotas parecen desempeñar un papel importante en el hogar.
La carrera profesional constituye otro elemento sagrado que moldea la vida de estos atletas. Las imágenes de balones, camisetas, trofeos y escudos conforman una vitrina grabada en la propia piel. Para este grupo —que inició su trayectoria profesional en torno a los 17 años—, los recuerdos significativos coinciden con los hitos de su carrera.
Los tatuajes aspiracionales reflejan la percepción que los individuos tienen de sí mismos y sirven como fuentes de inspiración o recordatorios. Algunos tatuajes pueden invitar a reflexionar sobre la naturaleza efímera del tiempo (relojes), los distintos caminos que ofrece la vida (brújulas) o la perseverancia en la consecución de los objetivos vitales (faros). Otros tatuajes ponen de relieve las habilidades y los valores que resultan fundamentales para un atleta profesional; algunos, explícitamente, con palabras como «coraje», «resiliencia» y «valentía»; otros, implícitamente, con imágenes de animales: leones, tigres, lobos, elefantes y águilas simbolizan la fuerza, la perseverancia, la entereza y la resistencia.
Audiencia
La mayoría de los tatuajes que hallamos (aproximadamente el 60 %) se ubican en los brazos y la cabeza (zona A), la cual constituye la zona más reducida en términos de superficie cutánea (un 27 % de la totalidad del cuerpo), pero la más visible dentro del terreno de juego. La mayoría se concentra en los brazos y los antebrazos. Los tatuajes situados en la parte anterior de los antebrazos suelen estar destinados al propio individuo: actúan como un recordatorio de aquello que se desea mantener siempre cerca.
No hallamos diferencias entre las distintas zonas en lo que respecta a las categorías; las cuatro categorías identificadas se representan en las tres zonas corporales. Los jugadores comunican, a través de sus tatuajes, los mismos aspectos que desean mantener vivos en su memoria: la religión, los seres queridos, su autopercepción y sus logros profesionales.
Al analizar la cantidad de tatuajes, observamos que los jugadores tienden a acumularlos en el lado dominante de su cuerpo.
Conclusión ¿Qué nos dicen los tatuajes?
Los tatuajes conservaban el registro de aquello que resulta importante para esos futbolistas: sus seres queridos, sus creencias religiosas, sus logros profesionales y sus aspiraciones vitales. Son los “sagrados” que estructuran sus vidas. El fútbol actúa como una plataforma para expresar la moral y los valores; los tatuajes son un reflejo de los sistemas de sentido de los jugadores.
Los jugadores representan lo sagrado mediante textos, nombres, números, tradiciones religiosas y elementos de la cultura popular. Los motivos de sus tatuajes revelan no solo la diversificación de la esfera espiritual, sino también que las tradiciones religiosas no son las únicas fuentes de símbolos y figuras sagradas. Se observan imágenes de Jesús, la Virgen María y Buda, así como de santos populares, estrellas, colibríes y mariposas.
En todo caso, “secularización” no explica lo que vemos. Descubrimos que los tatuajes forman parte de una constelación de prácticas religiosas, no son hechos aislados. Explorar los tatuajes de estos deportistas altamente profesionalizados revela más «encantamiento» que secularización.
Paradójicamente, si bien las expectativas sociales dictan que los equipos masculinos encarnen la identidad nacional, no hallamos entre estos jugadores imaginería patriótica. En comparación con algunos atletas estadounidenses (como el futbolista Christian Pulisic), estos futbolistas no muestran un símbolo nacional. Tampoco están Mafalda, u otros personajes de TV o historietas argentinas.
Aunque la mayor parte de la literatura académica sobre el fútbol argentino se centra en la política, no observamos declaraciones políticas entre los jugadores, ni encontramos logotipos, eslóganes o imágenes de partidos políticos. Esto contrasta con los tatuajes que Diego Maradona lucía de los revolucionarios Ernesto «Che» Guevara y Fidel Castro. Los tatuajes sugieren que la política tiene una importancia menor para este grupo de la que tuvo para las generaciones argentinas anteriores.
Identificamos regulaciones sociales de género en los cuerpos de los jugadores. Mientras que las futbolistas mujeres deben lidiar con la presión de los periodistas y de las redes sociales respecto a sus tatuajes, no hemos observado debate alguno en torno a los tatuajes de los jugadores masculinos, aun cuando ninguno tenía un tatuaje representando a Diego Maradona.
Los jugadores reivindican cierto control sobre sus cuerpos al tatuárselos; sus cuerpos no son meros activos que otros utilizan, cuidan y de los que se benefician. En una carrera altamente regulada —en la que los clubes y los fondos de inversión protegen sus activos—, los tatuajes constituyen un espacio en el que los futbolistas expresan su sistema de sentido, realizando declaraciones sobre aquello que consideran sagrado. A través de su tinta, los jugadores revelan quiénes aspiran a ser, a quiénes aman, los logros que han marcado sus vidas y sus compromisos religiosos.
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