Supremacía cristiana y cruzada anti-woke: religión, poder y guerra cultural

*René A. Tec-López*

La llegada de Donald Trump por segunda vez al gobierno de los Estados Unidos ha puesto nuevamente —y de forma más aguerrida— sobre la mesa los temas de la diversidad sexual y de género, así como el de la migración. Asimismo, sus recientes intervenciones militares en escenarios internacionales evidencian una crisis profunda del derecho internacional, de los organismos multilaterales y de las convenciones que, de alguna manera, contribuían a sostener cierto orden y estabilidad global.

Podríamos decir muchas cosas sobre Trump como personaje, líder político o figura pública; sin embargo, esta reflexión apunta a un fenómeno que lo trasciende, aunque con él se ha intensificado y materializado de manera particularmente visible. Se habla hoy de un retorno al fascismo, de procesos autocráticos o del fin de la democracia liberal estadounidense (ALTARES, 2026; SALINAS FIGUEREDO y TORRES-RUIS, 2023). En este contexto de crisis política, representativa, identitaria y climática, ha emergido con fuerza un término que se ha popularizado en los discursos neoconservadores: lo woke.

Aunque no se trata de un concepto nuevo, es recientemente que, así como la “ideología de género” llegó a instalarse en los debates legislativos y mediáticos, lo woke se ha incrustado tanto en las discusiones en redes sociales como en el campo político (POSNER, 2023; NOAIN, 2025). Podríamos hablar, en este sentido, de una cruzada anti-woke, similar a la que se articuló hace una década contra la llamada ideología de género (BÁRCENAS, 2021). No obstante, a diferencia de esta última —centrada en la moralidad sexual y reproductiva—, la categoría de lo woke incorpora un espectro más amplio. En su origen, este término surge en el inglés afroestadounidense para describir una conciencia crítica frente a las injusticias raciales y sociales. Con el tiempo, se amplió para abarcar otras formas de desigualdad, incluyendo cuestiones de género y sexualidad (VANDREEW et al, 2025). 

Sin embargo, en el contexto actual, ha sido resignificado como un “tótem invertido” (MADIGAN, 2023), funcionando como una categoría de pánico moral que permite agrupar, caricaturizar y deslegitimar aquellas causas que cuestionan el statu quo. Más que un concepto con significado propio, se trata de un marcador negativo que ciertos grupos utilizan para definir su identidad en oposición a aquello que consideran una amenaza. En el caso de Trump y de diversos movimientos neoconservadores occidentales, estos “enemigos” incluyen al movimiento LGBTI+, la población migrante y desplazada, el islam o el movimiento Black Lives Matter. 

Bajo etiquetas como “ideología de género” o “agenda globalista”, las luchas feministas, LGBTI+, ambientalistas, antirracistas y otras son presentadas como amenazas a la nación, a la infancia, a la moral, al sistema económico o al orden mundial. En este escenario, lo religioso se vuelve clave para comprender la articulación de estos discursos, pues es evidente una revitalización de lo religioso como herramienta de legitimación, que se adapta estratégicamente para incidir en el debate político y ganar terreno en el resurgimiento de las nuevas derechas, particularmente en América Latina.

Juan Marco Vaggione (2007) ha propuesto el concepto de “secularismo estratégico” para explicar cómo actores religiosos intervienen en la esfera pública mediante lenguajes aparentemente seculares. En contextos donde la separación entre Iglesia y Estado es un principio normativo, estos actores reformulan sus argumentos en términos naturalistas o científicos. Así, en lugar de afirmar “Dios creó hombre y mujer”, se sostiene que “en la naturaleza solo existen dos sexos”.

Si nos enfocamos en el cristianismo, es posible identificar sectores —tanto católicos como protestantes— con agendas políticas claras que buscan incidir deliberadamente en los gobiernos. En este marco, la noción de “supremacía cristiana” (ONOFRIO, VARGAS y BAUTISTA FAJARDO, 2022) permite comprender un entramado ideológico que opera tanto desde estructuras institucionales como desde discursos aparentemente seculares, pero profundamente moralizantes. Esta perspectiva permite entender cómo ciertas versiones del cristianismo, especialmente de corte evangélico neoconservador, se posicionan como marcos normativos legítimos para organizar la vida social, invisibilizando otras formas de creencia, espiritualidad o ética secular. 

Dentro de esta noción pueden identificarse diversas corrientes teológicas —como el reconstruccionismo cristiano, el dominionismo o ciertos fundamentalismos evangélicos— que promueven la idea de que la sociedad debe regirse por principios cristianos. Estas ideas se han materializado en ofensivas políticas globales que, aunque adoptan distintas formas, comparten un hilo común: la restricción de derechos y la criminalización de la diversidad.

Ejemplos de ello se observan en distintos contextos: en Hungría, con reformas que limitan la expresión de género; en Rusia, con la criminalización de la visibilidad LGBTI+; en Italia, con políticas antimigratorias; en Alemania, con el ascenso de discursos antiinmigrantes; en España, con la articulación entre discursos antimigrantes y transfóbicos; y en Uganda, donde se han aprobado leyes que contemplan la pena de muerte para prácticas homosexuales. Este panorama evidencia que la criminalización de la homosexualidad persiste en al menos 67 países, con sanciones que van desde prisión hasta la pena capital. 

En Estados Unidos, Trump consolidó una alianza con sectores evangélicos neoconservadores, promoviendo políticas transfóbicas, antiinmigrantes y antigénero. Estas configuraciones no pueden entenderse únicamente como expresiones de conservadurismo moral, sino como parte de una articulación más amplia entre neoliberalismo y neoconservadurismo, donde la desregulación económica coexiste con el reforzamiento de normas morales tradicionales (BROWN, 2006).

La influencia de este modelo se extiende a América Latina. Gobiernos como los de Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador o José Antonio Kast en Chile han adoptado discursos similares, apelando al pánico moral, al nacionalismo y a la seguridad para deshumanizar y criminalizar a ciertos sectores sociales. De esta manera, la supremacía cristiana puede entenderse como una ideología que sostiene que los valores, creencias y normas del cristianismo deben regir la sociedad, justificando su imposición en ámbitos políticos, legales y culturales. Funciona como un sistema de poder que privilegia una visión específica del mundo, reforzando estructuras como el patriarcado, la cisheteronormatividad y el nacionalismo excluyente, en estrecha relación con otras formas de dominación. 

Es importante subrayar que este poder no opera únicamente a nivel institucional, sino también en la vida cotidiana, en los afectos y en los imaginarios sociales. Como sugiere Bourdieu (1991; 2000), el poder simbólico consiste en la capacidad de imponer significaciones como legítimas, de modo que las relaciones de dominación se perciban como naturales y no como arbitrarias. En este sentido, la apelación a la “familia natural” o a los “valores tradicionales” no solo organiza el discurso político, sino que delimita lo pensable y lo vivible, habilitando diversas formas de violencia contra poblaciones específicas.

Al articularse con movimientos neoconservadores, la supremacía cristiana busca influir de manera directa en el Estado y la sociedad. Uno de los mecanismos centrales es la narrativa del establecimiento del “Reino de Dios” en la tierra, que en ciertos sectores evangélicos se traduce en la expansión del poder religioso en todas las esferas de la vida pública. Según CHAVES y ZÚÑIGA (2018), este proceso se sostiene mediante alianzas con sectores hegemónicos y neoliberales, así como mediante la instrumentalización del lenguaje de los derechos humanos para promover agendas excluyentes. 

No obstante, es fundamental evitar lecturas simplistas. El cristianismo no es un bloque homogéneo. Existen múltiples expresiones religiosas —incluyendo iglesias inclusivas, teologías liberacionistas y espiritualidades disidentes— que disputan estas formas de supremacía. La relación entre religión y política debe entenderse, por tanto, como un campo de tensiones, resistencias y resignificaciones. 

En este sentido, la supremacía cristiana y la cruzada anti-woke no pueden comprenderse como fenómenos aislados ni como simples reacciones conservadoras frente a cambios culturales recientes. Más bien, constituyen parte de un entramado complejo en el que convergen religión, política y poder, articulando discursos morales, estrategias de legitimación y proyectos de reorganización social. Como se ha señalado a lo largo del texto, la resignificación de lo woke como categoría de pánico moral, el uso del secularismo estratégico para intervenir en la esfera pública y la consolidación de agendas neoconservadoras evidencian un proceso más amplio de reconfiguración del orden contemporáneo.

Analizar estas dinámicas permite no solo identificar los mecanismos mediante los cuales se producen y legitiman formas actuales de exclusión, sino también comprender cómo se naturalizan en la vida cotidiana a través de discursos sobre la familia, la nación o la moral. En este marco, la supremacía cristiana opera como un dispositivo que no solo organiza el campo político, sino que delimita los horizontes de lo pensable y lo vivible, incidiendo directamente en las condiciones de vida de poblaciones históricamente vulnerabilizadas.

En un contexto global marcado por la intensificación de las guerras culturales, abordar críticamente estas articulaciones resulta fundamental para comprender las transformaciones en curso y sus implicaciones sociales y políticas. Más aún, permite situar el debate más allá de categorías coyunturales y reconocer que lo que está en juego no es únicamente la disputa por ciertos derechos, sino la configuración misma de los marcos que definen la vida en común.

Referencias

ALTARES, G. El regreso del fascismo. El País, 28 enero. 2026. Disponible en https://elpais.com/internacional/2026-01-29/el-regreso-del-fascismo.html. Acceso: 24 de marzo de 2026.

BÁRCENAS, K. La violencia simbólica en el discurso sobre la ideología de género: una perspectiva desde la dominación simbólica a través del pánico moral y la posverdad. Intersticios sociales v.21, p. 125-150, 2021. 

BOURDIEU, P. Language and Symbolic Power. Cambridge: Polity Press, 1991.

BOURDIEU, P. La dominación masculina. Barcelona: Anagrama, 2000.

BROWN, W. American Nightmare: Neoliberalism, Neoconservatism, and De-Democratization. Political Theory, v.34, n.6, p.690-714, 2006.

CHAVES, N.; ZUÑIGA, T. Religion(es) y política en Centroamérica: matrimonios y rupturas. Contrainformación, 14 sep. 2018. Disponible en: https://www.celag.org/religiones-politica-centroamerica-matrimonios-y-rupturas/. Acceso el 14 de enero de 2026. 

MADIGAN, T. Inverted Totems: On the Significance of “Woke” in the Culture Wars. Religions n.14, p.1337, 2023.

NOAIN, I. La cruzada anti-woke de Trump arranca con una purga de los programas de diversidad, igualdad e inclusión. elPeriodico, 23 enero. 2024. Disponible en:https://www.elperiodico.com/es/internacional/20250122/cruzada-anti-woke-trump-arranca-programas-diversidad-igualdad-inclusion-113625522. Acceso: 24 de marzo de 2026. 

ONOFRIO, A.; VARGAS, K.; BAUTISTA, J. Violencia espiritual y fenómenos religiosos que abusan de la fe. Soulforce, INC, 2022. 

POSNER, S. (2023, 12 de marzo). A new poll suggests Ron de Santis’ anti-woke crusade will backfire. MSNBC, 12 mar. 2023. Disponible en https://www.ms.now/opinion/msnbc-opinion/new-poll-ron-desantis-anti-woke-backfire-rcna74350. Acceso: 24 de marzo de 2026. 

SALINAS, D.; TORRES-RUIZ, R. Crisis política, autoritarismo y democracia. Buenos Aires/México: CLACSO/Siglo XXI, 2023.

VAGGIONE, J. Entre reactivos y disidentes. Desandando las fronteras entre lo religioso y lo secular”. En: ORTIZ MAGALLON, R. (Comp.). Estado laico, condición de ciudadanía para las mujeres, México:Grupo Parlamentario del PRD, Centro de Producción Editorial, 2007. P.67-82. 

VANDREEW, B.; PHILLIPS, J.; MUNIS, B.; GOIDEL, S. What’s woke? Ordinary Americans’ understanding of wokeness. Research & Politics, v.12, n.2, 2025.

Compartilhe

Facebook
WhatsApp
LinkedIn
Email

Newsletter

Cadastre-se para receber informativos por email