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	<title>Hugo José Suárez &#8211; Religião em Debate / Um blog para pensar sobre religião, com textos e notícias</title>
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	<title>Hugo José Suárez &#8211; Religião em Debate / Um blog para pensar sobre religião, com textos e notícias</title>
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		<title>Pasión de Cristo en Iztapalapa 2026</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hugo José Suárez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Apr 2026 10:22:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colunas]]></category>
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<p>*Hugo José Suárez*</p>



<p>Unos meses atrás mis colegas me invitaron a escribir un texto sobre la cuestión religiosa en la Ciudad de México. Pensé mucho, cuál sería la mejor entrada. Luego de varias vueltas entre lecturas, paseos, datos, videos redacté un artículo que argumenta que las expresiones más importantes de la fe en esta ciudad se las puede ver en la celebración de la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre en la Villa, el día de muertos en Mixquic, y la representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa.</p>



<p>No los voy a aburrir resumiendo el capítulo aquel que pronto estará disponible, pero sí quiero compartir las observaciones inmediatas de mi visita al viacrucis el pasado viernes santo a Iztapalapa. Al igual que con la celebración de la Virgen de Guadalupe, había escuchado mucho, leído largos textos, visto decenas de programas sobre la Pasión de Cristo allá, pero nunca fui. Ya sé, la ciudad se come el tiempo y dificulta todo movimiento. Pretexto vano, pero cierto.</p>



<p>Mi incursión empieza un día antes. Mi grupo de ciclistas organiza en esta fecha una rodada al centro de Iztapalapa en la noche. Partimos a las 22:00 del Angel de la Independencia más de cincuenta personas pedaleando, vamos por calles vacías, avenidas cuyos coches se han esfumado en la oscuridad de la noche. Cuarenta minutos más tarde estamos en la Macroplaza. Los funcionarios limpian banquetas y jardines con mangueras de agua, extraño en una zona donde aquel líquido escasea. Todavía hay movimiento, gente que va y viene, la tarima lista para recibir a los actores que representarán el martirio de Jesús los siguientes días. Todo impecable para que se levante el telón.</p>



<p>Este año la celebración cumplirá 183 años de llevarse a cabo ininterrumpidamente &#8211; ni la Revolución de 1910 amainó los festejos (dato curioso: se dice que para aquella ocasión, los caballos de Emiliano Zapata fueron los protagonistas) -, albergará a millones de visitantes, se movilizarán una centena de actores -creyentes y músicos, se prepararán muchos disfraces, pelucas, barbas, peinados, se traerán docenas de caballos. Será un evento enorme, como los anteriores, con el añadido de que en esta ocasión se celebra su declaración como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.</p>



<p>Salgo el viernes en la tarde de mi casa, la ruta toma una hora en metro. Llego a la Macroplaza Cuitláhuac habiendo atravesado una feria con juegos mecánicos y la venta más variada de tianguis, desde comida hasta vajilla de barro, además de calles con grafitis que evocan el evento y algunos vistosos anuncios colocados en lugares estratégicos; poco comercio religioso. En la plaza hay dos pantallas gigantes con bocinas potentes que transmiten el recorrido del viacrucis en vivo. La peregrinación se dirige hacia el Cerro de la Estrella donde se representará la crucifixión; pasó antes de mi llegada, me la perdí, pero por las pantallas se transmite las caídas, los diálogos, los gritos ante un público que mira hipnotizado los últimos episodios del nazareno. Me desplazo, trato de alcanzar la procesión. Imposible, las avenidas están cerradas, la gente atiborrada en las aceras, los vecinos en los techos de sus casas, policía por todos lados. Decido instalarme en una calle lateral por donde unos minutos atrás subió la procesión. Fue una decisión acertada (fotos abajo).</p>



<p>Ubicado en la parte baja de una pendiente, al borde de una baranda de seguridad, veo cómo descienden cientos de personas con una cruz en el hombro. Bajan de a poco, independientes, desordenados, cada uno en su faena. Hay de todo: niños, adultos, viejos, varones y mujeres; unos con una túnica morada, otros con corona de espinas, algunos descalzos vestidos simplemente con una playera y un pantalón corto, no falta quien va con el torso desnudo y nada más que una almohada al lado del cuello. Lo interesante son las cruces personalizadas. Los tamaños varían, si son niños, el peso es menor, si son adultos, pueden medir cuatro metros de largo y pesar más de 120 kilos. Eso sí, todas son de madera. Las cruces están adornadas de múltiples maneras. Alguno pone otro crucifijo de menor tamaño en uno de los brazos, otro le cuelga fotos, retratos, mantas, flores de plástico. Los rostros son sufrientes, los cuerpos cansados: es la bajada, ergo, previamente subieron con la cruz al hombro. Me detengo en uno de ellos: en el brazo de la cruz tiene el retrato de dos varones, uno parecería ser su padre y el otro su hermano, Jorge y Luciano, con un moño negro de duelo en la parte superior y el lema “su luz no se apaga en nuestros corazones”; el hombre que lleva la cruz tiene impresa en su playera la foto de Jorge con una cerveza en la mano y fondo azul, sonriente hacia la cámara, la fecha de su nacimiento en 1980 y de su muerte en agosto del 2025.</p>



<p>En una pausa, me acerco a una familia que se detiene unos minutos a descansar. El niño de unos diez años está ataviado con una túnica morada y manto blanco, la cruz es pequeña, para que su cuerpo la pueda llevar sin más esfuerzo que el que amerita la ocasión. Lo acompañan sus padres y hermanos. Pregunto su historia progenitor. Me dice que es para agradecer un favor que Cristo le hizo al niño, está pagando su promesa y cumpliendo con su parte. Me dice que durante el año guardan la cruz en casa, la desmontan y la colocan en un lugar discreto; dice que todos los que salieron hoy lo hacen por la misma razón, es una forma de agradecer y cumplir con el trato que hicieron con la divinidad en algún momento del año, o por algún error cometido, recordando que “el tamaño refleja el peso del pecado”. Si bien las cruces pueden ser enormes, esto no dificulta su guardado porque desarmadas entran en cualquier rincón, o se las deja en una calle segura. Y al año siguiente se repite la operación con nuevos contenidos.</p>



<p>La relación de los creyentes con su cruz abre una dimensión que no conocía. He leído y observado cómo se trata una imagen, una efigie, cuándo se la saca, cómo se la viste, se le reza, se negocia con ella. Pero ahora entiendo que la cruz también es un objeto con el que se establece un lazo con lo divino: se la manda a construir, se la personaliza, se la usa como materia que sella un pacto; empero hay dos elementos más: por un lado, se la carga, lo que implica un esfuerzo físico: es el cuerpo el que va a soportar los kilos que aumentan la dificultad al caminar; y por otro lado, es la evocación del sufrimiento de Jesús, de su momento cúspide en el dolor y muerte, es, en cierto sentido, ser parte de su pasión, encontrarse con Cristo en similar aflicción y redimirse con él y en él. Se abre una agenda de investigación: ¿cómo funciona la relación de los creyentes con la divinidad a través de la cruz? ¿qué tipo de demandas surgen? ¿qué uso se le da? ¿cómo la guardan en casa? ¿cuándo participa la autoridad religiosa? En suma: ¿qué rol juega la cruz en la reproducción de la fe?</p>



<p>Luego de mi fructífero intercambio con la familia, retomo mi ruta hacia el centro de la Macroplaza. Tengo la fortuna de encontrarme con la procesión que vuelve del Cerro de la Estrella. Están todos, el cuerpo de Cristo envuelto en una sábana emulando estar fallecido, cargado en los hombros de barbados varones, seguidos de María, autoridades y soldados romanos a caballos, y la gente caminando en una sola dirección. Se coloca el cuerpo en el centro del escenario, María se va en lágrimas, con voz entrecortada, sensiblemente afectada, llora, frente a un público quieto, pasmado, sentido, solidario con el llanto y la muerte de Jesús. Es el momento más emotivo, el aire está denso, el silencio se apodera de la plaza, es una colectividad tristísima unida en el dolor y la fe. Al final, los soldados toman el micrófono, festejan su victoria y colocan el cuerpo -siguiendo el episodio bíblico- en una cueva que es cubierta con una roca pesada. Bajan todos del escenario, y se escucha la voz, ahora no escenificada, de la autoridad municipal que agradece a todos por su presencia en este evento especialmente importante para Iztapalapa en el cual participaron casi tres millones de personas (en toda la semana).</p>



<p>Son las seis y media de la tarde, hora de retirarse, pero no quiero irme sin aprovechar el lugar en el que me encuentro. Iztapalapa es una delegación heredera de muchas tradiciones populares. Con el cansancio y las horas de pie, me vendría muy bien un pulque curado. Pregunto dónde lo venden, me indican que a un par de cuadras. Llego a un local típico de colonia popular: mesas y sillas de plástico, un patio con piso de cemento, en una pared dibujado un Peter Pan enorme, al lado el letrero que indica el lugar de los baños con letras rosadas, al fondo una pantalla que muestra parejas bailando cumbia gozando apretados, bocinas poderosas que a la par de música emiten rayos de colores, techo de plástico de donde cuelga una piñata navideña que ahí se quedó, y en la puerta una mujer frente a un comal grande preparando quesadillas. Entre la oferta variada, me pido un pulque de mamey. Me siento y mientras disfruto ese regalo del maguey y de la cultura prehispánica, intento poner orden a lo vivido.</p>



<p>Me voy antes de que llueva, a esa hora el agua suele ser impredecible y mi ruta de vuelta es larga.</p>



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		<title>12 de diciembre de 2025 en la Villa de Guadalupe</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hugo José Suárez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Feb 2026 07:07:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colunas]]></category>
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					<description><![CDATA[*Hugo José Suárez* He perdido la cuenta. No sé cuántas veces fui a la Basílica de Guadalupe, desde cuando era estudiante y rondaba los veinte años, ahí por los noventa, hasta en tiempos de pandemia, cuando ante el vacío y el miedo la Virgen era uno de los pocos refugios; eso sí, todos con cubrebocas. [&#8230;]]]></description>
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<p>*Hugo José Suárez*</p>



<p>He perdido la cuenta. No sé cuántas veces fui a la Basílica de Guadalupe, desde cuando era estudiante y rondaba los veinte años, ahí por los noventa, hasta en tiempos de pandemia, cuando ante el vacío y el miedo la Virgen era uno de los pocos refugios; eso sí, todos con cubrebocas. Pero a pesar de haber leído, estudiando, escrito, pensado, rezado, admirado, cantado, llorado, meditado alrededor de la imagen emblemática de México, nunca fui un 12 de diciembre, el día de la fiesta; toda promesa se cumple: el 2025 fue mi primera vez.</p>



<p>Noche antes, mientras volvía de una posada navideña, pasé por el Viaducto Tlalpan y por Avenida Insurgentes. Las ciclovías estaban llenas de peregrinos y dispositivos de protección civil para organizar el tráfico y los cuidados. Por un lado, miles de personas que, entrada la noche, se esforzaban por llegar caminando a la Villa antes de que suenen 12, con el afán de cantarle Las Mañanitas a la Virgen. Devotos de todas las edades, de muchas condiciones físicas, hombres y mujeres, niños y ancianos en una sola dirección. Muchos con sus imágenes de la Virgen en la espalda, en el pecho, en la frente, en la playera, en la mochila, en la gorra. Por otro lado, decenas de personas que les dan aliento, les invitan agua, refresco, tortas, o palabras de ánimo. Nadie es indiferente. Es acontecimiento urbano, religioso y popular más importante de la ciudad, del catolicismo, de la identidad cultural. Un par de días después las autoridades informarán que fueron más de trece millones los peregrinos de todo el país que se dieron cita a los pies de la tilma donde reina la guadalupana.</p>



<p>Al día siguiente, el mero 12 de diciembre, decido ir a la Basílica. Como sé el alboroto que significará, las salidas del metro saturadas, las avenidas inundadas de coches, el transporte público a reventar, opto por mi mejor transporte: la bicicleta. Son 18 kilómetros desde mi casa, no mucho, no poco. Lo necesario para entrar en ambiente, para poner en sintonía el cuerpo, la emoción y la razón ante tremendo acontecimiento. Cargo mi cámara, mi cuaderno de notas, mi bloqueador y mi casco. Y pedaleo durante una hora (fotos abajo).</p>



<p>El recorrido ciclista siempre abre una nueva perspectiva de la ciudad. No había caído en cuenta que la Calzada de Guadalupe, que desemboca en la Villa, es, unos kilómetros antes, la avenida más importante del país: Reforma, símbolo de la república, de la política, de México; donde descansa el Angel de la Independencia (con los restos de héroes independentistas), el Monumento a Cuauhtémoc, Diana la cazadora, o la Glorieta de las mujeres que luchan. Sí, la misma calzada que concentra la historia de la nación, termina &#8211; ¿o empieza? &#8211; en el cerro del Tepeyac, ahí donde la Virgen, en 1531, apareció ante el mundo -o donde se creó el mito, como quiera verse-.</p>



<p>En cuanto entro a la Calzada, poco antes del mediodía, con el sol en su máxima potencia, me uno al contingente de peregrinos. Inmediatamente formo parte de una complicidad. Todos vamos hacia allá, de distintas maneras, con múltiples intenciones, pero ahí estamos. Me desplazo al lado de un grupo de Chinelos, danzantes morelenses que con sus vestimentas típicas, sus movimientos, y su música, van a rendirle homenaje a la Virgen. También hay familias urbanas de clase media, madres son sus bebés en brazos, jóvenes de rodillas, motocicletas con la imagen amarrada cubriendo el faro delantero, muchos con el manto en la espalda, suelto o enmarcado, uno que otro turista.</p>



<p>El atrio de la villa está lleno de gente. La impresionante construcción de un colectivo de notables arquitectos, inaugurada en 1976, tiene en el frente un arreglo floral enorme, de aquellos que se ponen en las iglesias en las fiestas de pueblo. &nbsp;Dentro del templo se celebra la eucaristía, no cabe ni un alfiler. Pero desde afuera, desde cualquier parte del conjunto, alcanzo a ver al fondo la imagen de la Virgen; todas las puertas – paredes están abiertas por lo que el contacto visual es permanente más allá de dónde me desplace. La arquitectura tiene diseño bien planeado, no se pierde el vínculo de la mirada de la Virgen, esté uno lejos, a la izquierda, a la derecha, al centro, se sigue en contacto con ella. Una buena parte de la esplanada está llena de danzantes aztecas en baile y ritual, con los atuendos respectivos, y el humo del copal quemado que crea una bruma mística entre los templos y los observadores, con el ritmo del tambor que construye la atmósfera sensorial completa. Ojo, los danzantes tienen rasgos étnicos diversos, no encuentro un solo patrón, como sí sucede con los Chinelos cuyo origen era claramente rural.</p>



<p>La enorme esplanada es también el lugar de las selfis. Las familias, de distintos estratos sociales, sacan su celular y se retratan con el monumental templo en las espaldas y, al fondo, la Virgen. El momento quedará grabado en junto a las fotos archivadas en algún rincón de la memoria del teléfono inteligente. Los otros dos lugares más concurridos son el monumento a Juan Pablo II, a cuyos pies la gente también se toma fotos, y el espacio posterior reservado a reanimar la fe desde uno de los cuatro elementos de la naturaleza: el fuego. Las veladoras arden, los fieles encienden y alimentan las llamas como si fueran un río que no se detiene y que se renueva de mano en mano.</p>



<p>Abriéndose paso entre la gente, los danzantes, los grupos que descansan y quienes expanden su cámara para registrar su visita, están aquellos que llegan de rodillas. No son pocos, es el último tramo, el más doloroso, el que permitirá expiar los pecados, dejar atrás las culpas y volver con las rodillas lastimadas pero con el alma renovada.</p>



<p>No deja de sorprenderme, una y otra vez, la importancia de la imagen, sea en estatuilla de yeso, en estampa, en lienzo, en tela, en joya, en dije, en escapulario. Es una forma de la fe basada en la materia, en el respaldo físico que acumula capital religioso. La imagen es llevada a la Villa como una manera de incrementar su potencia espiritual: no es lo mismo una Virgen que haya visitado la Basílica, que se la haya bendecido con agua, que se haya enfrentado, así, frente a frente, con la original; que una que no tuvo esa trayectoria de recolección de bienes simbólicos. Por otro lado, la relación del creyente con <em>su</em> imagen es física, corporal, se la carga, se la lleva, se la toca, se la besa, se le prenden velas. Desde el cuerpo, las manos, los labios, el corazón, se construye una nueva relación con la materia, en un vaivén donde la imagen es otra luego de haber sido acariciada por unas yemas, y uno es otro luego de haberlo hecho.</p>



<p>A la vez, la fuerza de la Virgen de Guadalupe no sólo está en la Villa, y no sólo el 12 de diciembre. Su magia consiste en que, si bien ese día y ese lugar se concentra la relación, por un lado, el mismo día en muchos barrios de la ciudad -y del país- suceden miles de peregrinaciones, rezos callejeros, rosarios, reuniones, cantos, fiestas, encuentros, jaripeos, música, y cuanto se puede esperar de celebraciones populares que transitan por la calle, por el altar doméstico, por los templos y capillas. Una parte sucede en la Basílica, lo demás en toda la ciudad, con especial vigor en las colonias populares. Por otro lado, si bien en diciembre se manifiesta el evento, éste ha sido preparado durante todo el año movilizando a mucha gente en múltiples labores, desde las administrativas -recolección de dinero, compra de insumos, organización de actividades-, hasta espirituales. Además, de manera silenciosa, su presencia en los altares en las casas o en las capillas de avenidas y plazas, es regular y cotidiana. Dicho de otro modo, se trata de un <em>continuum</em> espacio-temporal que no quiebra con la vida diaria, sino que se expresa de distinta manera en múltiples tiempos y espacios formando parte de un todo, de una experiencia espiritual englobante, que no se la puede fragmentar ni comprender si se la aísla o analiza separadamente.</p>



<p>Termino mi visita cansado, asoleado, con muchas fotos, notas y mucho qué pensar. Hace algunos años un investigador extranjero me dijo que es triste que los sociólogos y antropólogos en México no prestemos más atención al mito de la Guadalupana. Tiene razón, es una fuente inagotable de estudios, y falta todavía mucho por explicar y comprender.</p>



<p>Vuelvo a casa. Tengo con un montón de ideas qué digerir y 18 kilómetros que pedalear.</p>



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		<title>Diario de Coquimbo, Octubre 2025 (Parte 3/3)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hugo José Suárez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Nov 2025 10:30:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colunas]]></category>
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<p>*<strong>Hugo José Suárez</strong>*</p>



<p><strong>Lunes 6 de octubre</strong></p>



<p>La intensidad de lo vivido ayer requiere lenta digestión. Seguramente varios años estaré dándole vueltas, acudiendo a las fotos y a las notas tomadas. &nbsp;Fueron muchas cosas. Nada mejor que un espacio para reflexionar entre todos. Es lo que está programado para esta jornada. En las instalaciones de la Universidad Católica del Norte, empezamos con la inauguración protocolar. Primero la conferencia de inauguración que está a cargo de Federico y yo. Luego la mesa de discusión. Entramos a una sala de seminario los que asistimos el día anterior a la fiesta en Andacollo, pero ahora nos acompañan Pilar Silveira, desde Uruguay; Edilmar Cardoso, desde Santiago; y Fabricio Focart desde Argentina. Somos un colectivo de sensibilidades distintas, de saberes variados. Por turnos, cada uno comparte sus observaciones. No dejo de anotar, sorprendido por la riqueza de este grupo que desde la teología, el arte, la música, la imagen, la pastoral, la filosofía o la sociología, asimilan un mismo fenómeno. Uno quedó sorprendido con los objetos y la materialidad, otro con el sentido religioso, uno más con los gestos y las miradas. Nos complementamos, crecemos, aprendemos. Me siento privilegiado por estar en un equipo que analiza desde varias tradiciones intelectuales.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-17-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81852" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-17-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-17-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-17-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-17-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-17.png 1299w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<p>Es mi turno, debo compartir mis impresiones. Comienzo manifestando mi gratitud por haber participado en una fiesta religiosa tan viva, en contacto directo, desde el campo. Hace algunos años que no había estado en un evento de esa naturaleza, con esa fuerza. Fue la ocasión de sentir lo que hace la fe con la gente, o lo que hace la gente con fe. Disfruté de mi presencia física al medio de la fiesta, mi propio cuerpo sintió los tambores, el sol, el cansancio, el ruido, el silencio, y todas las formas de la mística colectiva. Miré desde adentro, y no sólo con los ojos, sino con todos los sentidos. Recordé a Don Juan diciéndole a Carlos Castaneda: “Me gusta <em>ver</em> (…) porque sólo <em>viendo</em> puede un hombre de conocimiento saber” (Castaneda 2013:25). Me impresionó la capacidad organizativa de un evento tan grande. Por supuesto que no es la estructura católica la responsable de monumental tarea -estaría sobrepasada-, sino de una burocracia paralela que juega con otros actores y otras reglas, parte de lo que en México se ha conceptualizado como mayordomías, o en mi propia tesis, los agentes para eclesiales (Suárez 2018a). Me quedó claro que lo que vimos con densidad religiosa desbordante, forma parte de un sistema compuesto por múltiples elementos, desde las animitas en el camino, hasta las autoridades oficiales o paralelas, las imágenes de las casas, el mercado religioso, los rezos, los bailes semanales, las decenas de grupos, etc. La fiesta del domingo es la punta de un nevado sostenido en prácticas cotidianas todo el año, fiestas semanales, ensayos regulares, múltiples actos de fe cotidianos. También me llamó la atención el contacto físico, el registro visual y sonoro de lo religioso; con la virgen uno se comunica mirándola, bailándole, cantándole. Mirar desde los ojos de la fe transforma la naturaleza de la mirada. Además, todo sucede en un desorden ordenado, o con reglas propias de su orden (Duhau y Giglia 2008), cada conjunto se relaciona con la Virgen desde su escenario, pero a la vez todos están juntos; esa anarquía gozosa confluye en una sola fuerza cuando el silencio llega y todas las miradas confluyen en la Virgen. Es cuando somos parte de una comunidad de fe, amparados en la imagen.</p>



<p>En la noche viene otro momento muy especial. Nos visitan en la universidad cuatro miembros de comunidades de bailes distintos: Don Luis del Baile de danza 11 de Coquimbo, Sra. Carolina del Baile chino n 1 Barrera de Andacollo, Sra. Rita y Sra. Catalina del baile Pieles Rojas del Carmen de Villa Dominante de Coquimbo. Cada uno carga una historia de fe. Don Luis, que tiene 78 años, cuenta que cuando nació tenía una enfermedad delicada; su madre lo encomendó a la Virgen para que viviera, y así fue: vivió para bailar. Ante la pregunta sobre hasta cuándo seguirá danzando, considerando su avanzada edad, responde con contundencia: “se puede seguir sirviendo a la Virgen, no se puede dejar de bailar, yo no tengo esa idea”. Carolina trae una serie de instrumentos para mostrarnos, los saca de su bolsa con una estampa de la Virgen y nos cuenta con detalle la historia de cada uno. Ella reivindica su devoción como una práctica indígena, que le fue heredada por sus abuelas que fueron devotas a la Virgen y su padre que fue Cacique. Catalina explica que forma parte del baile aunque no danza, es Porta Estandarte o abanderada. Rita es jefa del baile, piensa que “todos pueden bailarle a la Virgen si lo hacen con fe”. De hecho, su incorporación al grupo fue accidental, su nombre para dirigirlo surgió porque otras personas estaban inhabilitadas por protocolos administrativos; ella asumió la tarea con profunda convicción: “Virgencita tú me pusiste aquí, por algo el Señor te llama, la Virgen te llama”. Con conmovedora sencillez y profunda sabiduría, nos comparten su camino en la ruta de la fe desde el cuerpo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-18-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81853" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-18-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-18-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-18-768x512.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-18-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-18.png 1187w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-19-1024x682.png" alt="" class="wp-image-81854" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-19-1024x682.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-19-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-19-768x512.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-19-980x653.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-19.png 1189w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<p><strong>Martes 7 de octubre</strong></p>



<p>En la mañana retomamos las reflexiones en la sala del seminario en la Universidad. Continúa la riqueza analítica de nuestro grupo tan diverso, ahora con los nuevos insumos compartidos por los danzantes el día anterior. Salen nuevos temas, la tradición, la palabra, el sonido, el gozo, la piedad, el evangelio, la doctrina, la resonancia, el arte, el método, la ciencia, la colonización-descolonización. Tomo notas, la densidad es grande, habrá tiempo para dejar reposar las ideas y darles forma.</p>



<p>En la tarde toca ir al centro de La Serena. Descubro una ciudad muy montada y dinámica. La plaza central es grande, cuadrada siguiendo el trazo colonial. Me cuentan que las construcciones son relativamente recientes, pues a mediados del siglo pasado se impulsó el “Plan Serena”, que fue la restauración de un casco urbano que imite la arquitectura colonial, convirtiendo la ciudad en un polo comercial y turístico. Recrear el pasado para presentarlo al futuro. Y funcionó. En la plaza el teatro principal anuncia espectáculos con artistas nacionales prestigiosos. La iglesia es grande, generosa; dentro, entre algunas imágenes, me encuentro con la Virgen de Guadalupe en uno de los altares. Vamos caminando por la bella y arbolada Avenida Francisco de Aguirre que desemboca en el faro, al borde del mar. En el camino pasamos por la Casa Museo Gabriela Mistral, además de ver las esculturas de mármol que adornan el paseo y que todavía conservan los grafitis con espray rojo que se hicieron en todo Chile en el “estallido social” del 2019.</p>



<p><strong>Miércoles</strong> <strong>8 de octubre</strong></p>



<p>Esto se acaba. Es el último día. Nos reunimos en la universidad a evaluar lo aprendido y, a la vez, pensar en lo que viene. Juan introduce la pregunta con claridad: ¿Qué nos llevamos?, y sobre todo ¿qué sigue? Todos exponemos la síntesis de nuestros aprendizajes, qué viene con nosotros en el equipaje. Y de cara al futuro, también cada uno propone una agenda. Yo reflexiono sobre qué hacer con todo lo vivido. No quiero cargar con la tarea de escribir un artículo científico, o un capítulo, o emprender una investigación formal sobre el tema. Quiero alargar el gozo de los días compartidos, y no salir con tareas que más bien son cargas. Una noche antes, mientras cenábamos a la orilla de la playa Gala preguntó qué es lo que más nos gusta hacer, yo respondí: “salir en mi bicicleta a un café de especialidad, para ver fotos y escribir”. Decido que cumpliré mi intención inicial: escribiré un texto disfrutando cada palabra, e intercalando textos con imágenes. Mientras pienso en el formato, recuerdo que uno de los soportes que más me gusta es el diario; lo he hecho en París, en Bolivia, en Nueva York y en otros viajes (Suárez 2015b, 2018d, 2022b, 2022a). Lo tengo decidido, escribiré el <em>Diario de Coquimbo</em>. Y es así como nacen estas páginas, en varios cafés en Ciudad de México, días después de la “residencia” que tuvimos en Chile, saboreando los recuerdos, recorriendo las imágenes, redactando las emociones. Algo me queda claro: se tiene que repetir.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-20-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81855" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-20-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-20-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-20-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-20-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-20.png 1299w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Castaneda, Carlos. 2013. <em>Una realidad aparte: nuevas conversaciones con don Juan</em>. Segunda edición (Tezontle). México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.</p>



<p>Duhau, Emilio, y Angela Giglia. 2008. <em>Las reglas del desorden: habitar la metrópoli</em>. Arquitectura y urbanismo. México: Siglo veintiuno ed.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2015a. <em>Creyentes urbanos: sociología de la experiencia religiosa en una colonia popular de la ciudad de México</em>. México D.F.: IIS-UNAM.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2015b. <em>Un sociólogo vagabundo en Nueva York</em>. La Paz: Editorial 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018a. «Agentes para-eclesiales en la religiosidad popular latinoamericana». Pp. 13-19 en <em>Diccionario de religiones en América latina</em>, editado por R. Blancarte. México: Fondo de Cultura Económica.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018b. <em>Hacer sociología sin darse cuenta: una invitación</em>. Primera edición. Colección ensayo. La Paz, Bolivia: Editorial 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018c. <em>La Paz en el torbellino del progreso. Transformaciones urbanas en la era del cambio en Bolivia</em>. Ciudad de México: IIS-UNAM.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018d. <em>Viajar, mirar, narrar</em>. La Paz: Ed. 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2022a. <em>Diario de La Paz. Apuntes de un retorno</em>. La Paz: Editorial 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2022b. <em>París a diario</em>. México: Universidad Nacional Autónoma de México.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2023. <em>Guadalupanos en París</em>. Ciudad de México: IIS-UNAM.</p>



<p>Villoro, Juan. 2023. <em>La figura del mundo: el orden secreto de las cosas</em>. Primera edición. Ciudad de México: Random House.</p>
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		<title>Diario de Coquimbo, Octubre 2025 (Parte 2/3)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hugo José Suárez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Nov 2025 17:28:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colunas]]></category>
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<p>*Hugo José Suárez*</p>



<p><strong>Domingo 5 de octubre</strong></p>



<p>La cita es a una hora razonable. Partimos a las 9:30 de casa de Juan un contingente de nueve académicos. En la carretera nos cruzamos con peregrinos que desde distintos lugares emprenden la ruta hacia la montaña. Subimos por una carretera serpenteada, los cerros son áridos, el cielo azul intenso, me recuerda a mis paisajes en Bolivia. A la orilla del camino hay varias <em>animitas</em>, que son altares devocionales con imágenes, adornos y flores, muy presentes en todo Chile y estudiados por algunos investigadores. En mis observaciones en México he visto cientos de capillas de ese tipo en las colonias populares, no he sabido cómo llamarlas, y todavía está pendiente algún estudio profundo que las explique en sus distintas dimensiones. Me queda claro que estamos en un terreno intenso de fe, atravesando por una geografía religiosa popular.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-3-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81833" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-3-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-3-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-3-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-3-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-3.png 1299w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Hugo José Suárez</figcaption></figure>



<p>Llegamos a la cima, a Andacollo, pequeña localidad minera de más de 11,000 habitantes a 1017 metros sobre el nivel del mar. Hoy es la fiesta de la Virgen del Rosario de Andacollo que convoca a miles de devotos que inundan la pequeña comunidad. Como el tráfico está saturado por la cantidad de gente que va en coche, nos bajamos a unas cuadras de distancia, en la entrada del pueblo que anuncia al viajante su llegada con coloridas letras enormes. Ideal para tomarse una selfi. Caminamos entre calles angostas hacia la plaza central. El comercio religioso -y no tanto- está a la orden. Nos ofrecen velas para ser encendidas frente a la Virgen; “pulseras de protección” -con “nudo bruja”-; almanaques para el 2026 con la imagen grande de la Virgen, de esos que antiguamente -al menos en Bolivia- se colgaban en todas las cocinas y comedores; recuerditos con la Virgen para ser colocados en el coche o en alguna ventana. Abundan los puestos con figuras de la patrona, la Virgen de Andacollo, hechas de yeso de distintos tamaños; la acompañan otras imágenes de la Virgen María, Virgen del Carmen, San Expedito, alguna de Jesús, San Lorenzo de Tarapacá, también aparece alguna Virgen de Guadalupe. Hay rosarios, llaveros y estampitas. Casi no encuentro crucifijos ni otros santos. Pero en la misma mesa de venta, se expone un bonachón y sonriente chanchito-alcancía, algún angelito, un elefante hindú y un Hulkbuster rojo intenso. No hay mucha variedad como sucede en otros puestos religiosos, por ejemplo alrededor de la Villa de Guadalupe en México en cuyos puestos conviven desde Buda hasta la Santa Muerte; la Virgen de Andacollo es la que manda con poca competencia.</p>



<p>Al lado de las imágenes religiosas, observo otras manifestaciones culturales. Un puesto tiene solamente hiervas medicinales: el “Lawen medicinal” -de origen mapuche- promete curar problemas de reumatismo, vesícula, cálculos renales, problemas estomacales y más. En un cartel se comparten las sugerencias para el uso de las “hierbas sabias”. También me encuentro con un mural que tiene dibujada la Chakana, cruz andina que he visto tantas veces en Tiahuanaco, en Bolivia, y que luego se convirtió en un símbolo de identidad política y étnica. Por supuesto que hay una tienda rural de Coca-Cola, con su símbolo rojo pintado en toda la pared promoviendo también sus otras bebidas azucaradas; una peluquería canina “Can&amp;Dog” que comparte su número telefónico para pedir una cita -acompaña al cartel un simpático perrito de raza poodle-; alguien que abre la puerta de su garaje y ofrece sándwich y pescado; otro que vende minerales de recuerdo; un vecino que ofrece ducha, baños y custodia; una pastelería “Las delicias del tata” con una dulce variedad de alfajores; puestos de comida con Nescafé; y una cafetería con máquina para café expreso de grano recién molido. Llegamos a la plaza central. Hay dos iglesias: la pequeña parroquia en una de las calles laterales, y la Basílica menor en el centro de la plaza de grandes dimensiones. Como es medio día y la fiesta empezó ayer, la Virgen de Andacollo está en el atrio de la Basílica menor mirando hacia el público recibiendo oraciones. Los mástiles que rodean la reja central tienen las banderas de países latinoamericanos -encuentro la de México y la de Bolivia, que son las que me llaman-. Al centro de la Basílica, entre los dos campanarios flamea la bandera chilena. Lo primero que me sorprende es la dimensión de la arquitectura religiosa. Para un pueblo de once mil habitantes, pareciera excesivo dos iglesias en una plaza grande, una de las cuales es tan espaciosa como la de cualquier ciudad intermedia latinoamericana. Y sin embargo está repleto de gente. Hay de todo, danzantes, músicos, familias, viejos y jóvenes, gente en silla de ruedas o con bastón, niños, bebés; un vendedor disfrazado de Spider Man que ofrece llaveros con muñecos, y otro que tiene globos inflados con helio con imágenes de Hello Kitty, Pochacco o Bob Esponja. Curioso: la casa parroquial cuenta con una oficina que parece banco -con ventanilla y cajero- con un gran letrero: mandas; me dicen que es el lugar donde uno puede realizar alguna transacción económica a cambio de favores religiosos. Nunca había visto tal practicidad monetario-espiritual.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-4-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81834" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-4-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-4-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-4-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-4-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-4.png 1290w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-5-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81835" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-5-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-5-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-5-768x512.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-5-980x653.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-5.png 1293w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-9-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81839" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-9-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-9-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-9-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-9-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-9.png 1299w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<p>La primera parada es la visita al templo pequeño y el Museo del Santuario de Andacollo. Tiene varios objetos interesantes: una vitrina con rosario donados por los fieles, otra con sus cédulas de identidad, licencias de conducir, credenciales universitarias o profesionales. Hay varias placas, dibujos, figuras que agradecen los beneficios recibidos. Muñecas, cuadros, bordados, máscaras, fotos, calendarios, peluches, jarrones chinos, estandartes, playeras del equipo de fútbol de la zona, medallas, milagritos de metal (con muchas opciones, piernas, rostros, cuerpos, manos, corazones, etc.). Todo lo que la gente considera necesario para ofrecerle a la Virgen de regalo por haber obtenido alguna gracia.</p>



<p>Salimos del relicario oficial de las emociones, para sumergirnos en el escaparate de la fe viva en la plaza. Nos dirigimos hacia la Basílica. La Virgen está en la puerta de entrada, mirando hacia el público. Los grupos danzantes esperan su turno en la puerta del atrio para entrar, de manera ordenada y prolija, uno por uno cuando le toque su turno, hacia la Virgen en un pasillo custodiado por los guardias organizadores. Cuando le toca, sin tumultos ni empujones, pasan los danzantes con sus pasos y la música dirigiéndose hacia la imagen que los observa piadosa. Llegan a sus pies, toman el micrófono, le rezan, le recitan, la adoran, le bailan, y se retiran por la salida lateral. Es el momento en el cual cada grupo manifiesta su fe directamente a la Virgen, es la intimidad, es el momento de entregarle su esfuerzo, pasión y fe. Es <em>su</em> tiempo. En la parte de atrás, en un estante grande de madera donde reposa la Virgen, hay un espacio para que la gente pueda acercarse a la imagen. Llegan los adeptos con sus celulares a tomarse una foto lo más cerca posible de ella, tocan con devoción y sensibilidad la base del anda como si con el contacto físico recibieran su bendición.</p>



<p>Seguimos nuestra ruta. Vamos a comer, a descansar, al baño, al mercado, y llega la hora del fuego. Los latinoamericanos sabemos que las velas nos comunican con la divinidad. Compro unas velitas en la entrada de la basílica y me dirijo al lugar especialmente dedicado a veladoras. Está la Virgen al centro, la gente amontonada alrededor. Me abro campo, prendo cada una ayudándome del fuego ya encendido por otros, como una fuente inagotable, un solo río que fluye, como si recibiera parte de la fe de los demás. Las enciendo, las ofrezco a la Virgen pensando en los míos, en mis deseos, en mis peticiones. Finalmente, aunque soy sociólogo, también soy un devoto, y estoy en un lugar donde la fuerza de la emoción religiosa trasciende, y me resuena.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="683" height="1024" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3102-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-81841" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3102-683x1024.jpg 683w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3102-200x300.jpg 200w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3102-768x1152.jpg 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3102-1024x1536.jpg 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3102-1365x2048.jpg 1365w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3102-666x999.jpg 666w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3102-scaled.jpg 1707w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-11-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81842" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-11-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-11-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-11-768x512.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-11-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-11.png 1175w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="684" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-12-1024x684.png" alt="" class="wp-image-81843" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-12-1024x684.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-12-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-12-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-12-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-12.png 1167w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="683" height="1024" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3139-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-81844" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3139-683x1024.jpg 683w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3139-200x300.jpg 200w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3139-768x1152.jpg 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3139-1024x1536.jpg 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3139-1365x2048.jpg 1365w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3139-666x999.jpg 666w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/IMG_3139-scaled.jpg 1707w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<p>Llega el momento más intenso de la tarde, la salida de la Virgen. Luego de haber recibido los homenajes y bailes, todos los grupos se concentran en la plaza y las calles aledañas, cada uno bailando y tocando sin coordinación alguna. Los tambores resuenan a ritmos distintos, las flautas y flautines cantan como pájaros regando melodías. Cada conjunto con su estandarte por delante parece encerrado en su propio baile protegido por su propia música. No se comunican, sus trajes, sus pasos, sus ritmos, son autónomos. Sus rostros expresan el cansancio, es media tarde, el sol está en su máxima expresión luego de horas de haber bailado sin descanso. El sudor los delata, pero siguen, como hipnotizados, sumergidos en un clima mágico.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-13-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81845" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-13-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-13-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-13-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-13-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-13.png 1299w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-14-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81846" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-14-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-14-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-14-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-14-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-14.png 1299w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-15-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81847" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-15-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-15-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-15-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-15-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-15.png 1299w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-16-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81848" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-16-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-16-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-16-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-16-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-16.png 1299w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: HJS</figcaption></figure>



<p>Una veintena de varones vestidos con playeras amarillas levantan el anda de la Virgen, y empieza la lenta procesión. Se toman su tiempo, nada los apura. Dan pasos cortos, y la Virgen empieza a moverse con una cadencia que inspira misterio. Sale del atrio de la Basílica menor hacia la plaza. Es el momento en que cada grupo, cada persona en la plaza, no le quita la mirada. Da la vuelta por un par de calles interiores, a su paso, la gente se detiene, la mira fijamente, saca su celular para registrar su presencia, toma su pañuelo para saludarla, sube la mano como si pudiera tocarla. Y recuerdo <em>El Pagador de Promesas</em>, la notable película brasilera, el momento en el que Zé, el principal protagonista, mira a la Virgen en su paso, y es correspondido con igual cariño. Es un intercambio, la gente la mira, y ella los mira; es un contacto visual contemplativo, tierno, emocional, propio de esta forma de vivir la fe en este lado del planeta. Me queda claro: los creyentes saben tocar con los ojos, aprendieron a acariciar con la mirada. La algarabía empapada de bombos y tambores, colores y danzas, acompaña el lento tránsito de la Virgen, hasta que llega a la entrada del templo chico y se posa en la puerta frente a la gente. Todos le bailan en tonos distintos, hasta que el cacique central vestido de rosa intenso -que está al lado del obispo y el rector de la parroquia- bate una bandera blanca con la imagen de la Virgen. Es el mensaje que todos entienden: uno a uno los grupos empiezan a callarse. Ahora todos, en silencio la contemplan, quietos, concentrados, imantados ante su presencia. Le siguen las palabras del obispo y del párroco que concluyen con la bendición. Todos los asistentes levantamos la mano en dirección a la imagen, que empieza a retirarse poco a poco, penetrando en su iglesia, como en una cueva sagrada, sin dejar de mirar a sus feligreses. La fiesta ha terminado.</p>



<p>(Continua)</p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Castaneda, Carlos. 2013. <em>Una realidad aparte: nuevas conversaciones con don Juan</em>. Segunda edición (Tezontle). México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.</p>



<p>Duhau, Emilio, y Angela Giglia. 2008. <em>Las reglas del desorden: habitar la metrópoli</em>. Arquitectura y urbanismo. México: Siglo veintiuno ed.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2015a. <em>Creyentes urbanos: sociología de la experiencia religiosa en una colonia popular de la ciudad de México</em>. México D.F.: IIS-UNAM.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2015b. <em>Un sociólogo vagabundo en Nueva York</em>. La Paz: Editorial 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018a. «Agentes para-eclesiales en la religiosidad popular latinoamericana». Pp. 13-19 en <em>Diccionario de religiones en América latina</em>, editado por R. Blancarte. México: Fondo de Cultura Económica.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018b. <em>Hacer sociología sin darse cuenta: una invitación</em>. Primera edición. Colección ensayo. La Paz, Bolivia: Editorial 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018c. <em>La Paz en el torbellino del progreso. Transformaciones urbanas en la era del cambio en Bolivia</em>. Ciudad de México: IIS-UNAM.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018d. <em>Viajar, mirar, narrar</em>. La Paz: Ed. 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2022a. <em>Diario de La Paz. Apuntes de un retorno</em>. La Paz: Editorial 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2022b. <em>París a diario</em>. México: Universidad Nacional Autónoma de México.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2023. <em>Guadalupanos en París</em>. Ciudad de México: IIS-UNAM.</p>



<p>Villoro, Juan. 2023. <em>La figura del mundo: el orden secreto de las cosas</em>. Primera edición. Ciudad de México: Random House.</p>
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		<title>Diario de Coquimbo, Octubre 2025 (Parte 1/3)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hugo José Suárez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Nov 2025 22:08:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colunas]]></category>
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<p>*<strong>Hugo José Suárez</strong>*</p>



<p>Me llega una agradable invitación: ir a Coquimbo, Chile, a discutir con varios colegas y amigos en el VI Encuentro Latinoamericano de Religión Popular en la Universidad Católica del Norte (1). &nbsp;Además, la agenda tiene varios añadidos, podremos participar de la fiesta de la Virgen de Andacollo, tendremos tiempo para pensar y discutir libremente, me alojaré a la orilla del mar. Y un extra: podré compartir con estudiantes y colegas parte de mis reflexiones sociológicas. Todo cuadra.</p>



<p>Antes de partir, la expectativa crece por múltiples razones. Conozco Chile relativamente bien, de hecho es el país al cual más veces me han invitado en mi vida profesional, pero la mayoría de mis viajes fueron a Santiago y siempre en un contexto universitario. Ahora la visita será a la región norte, que conozco mal, pues sólo fui a Arica desde La Paz -no hay que olvidar que de origen soy boliviano, y que los paceños vacacionamos en aquella playa-. Pero además, podré vivir una inmersión en la fiesta popular sin mediaciones, ir hasta Andacollo (a una hora en transporte privado), observando todo lo que salte a la vista, guiados por el fino y profundo saber de Juan Navarrete, nuestro generoso anfitrión -profesor de la Universidad Católica del Norte- que hace décadas forma parte de uno de los grupos de baile [hermandades o cofradías de poetas populares y músicos danzantes de flauta, tambor y bandera que celebran fiestas religiosas]. Será una ocasión extraordinaria para “trabajo de campo” -fórmula poco elegante para una práctica tan noble-; de hecho hace algunos años que no tuve una inserción de ese tipo, pues mis últimos libros en el último lustro se basaron más en lecturas y reflexiones de gabinete que en sumergirse en lo que la gente hace y dice. Por último, Juan tiene la atinada idea de, en vez de organizar un horario de ponencias de 20 minutos en mesas con un moderador que controla el tiempo, encerrados en un aula, jugando el juego de sentirnos académicos -que es lo que sucede en la mayoría de los coloquios en los que participo-, dejar que las ideas y discusiones se alboroten en un <em>continuum</em> que transita libremente entre las hamacas, las caminatas en la playa, las cenas a la orilla del mar, y por supuesto el aula. Desde que lleguemos hasta que nos vayamos se pretende que no haya una interrupción en el flujo de las ideas, sino una manera permanente de disfrutar y reflexionar a la vez. Ya alguna vez había vivido ese tipo de diseño que articula diálogo, placer, discusión, conocimiento, convivencia sin cortes. Habrá que ver qué sale del experimento, en todo caso, tengo la certeza de que la pasaré bien.</p>



<p>Empiezo con la preparación del viaje. Tengo que dar tres conferencias: una a estudiantes de licenciatura, les contaré sobre mi libro <em>Hacer sociología sin darse cuenta</em>, que fue escrito pensando en mi hija Canela cuando tenía 18 años, para que tenga una idea de qué es lo que hace su papá cuando se va a trabajar (Suárez 2018b); otra a estudiantes de posgrado sobre mi propuesta de sociología vagabunda, que es lo que estoy pensando en la actualidad, lo que discutimos en mis cursos en el posgrado de la UNAM y sobre lo que ya he publicado (Suárez 2015b, 2018c); y por último la conferencia inaugural sobre religiosidad popular, que me permitirá sistematizar las ideas que surgieron de mis investigaciones sobre el tema (Suárez 2015a, 2023). A la vez, me pide Juan que elabore una “guía de observación” de la fiesta, que nos facilite a todos los que participemos en el evento, dirigir la atención hacia algunos aspectos clave; preparo temas (la fiesta, el territorio, el actor, la imagen) y preguntas que estimulen la observación y permitan un diálogo posterior.</p>



<p>Todo listo. Tengo mi pase abordo, mis apuntes, mi cámara, y mi espíritu expectante para adentrarme a la experiencia Andacollo. ¡Vámonos!</p>



<p><strong>Viernes 3 de octubre</strong></p>



<p>Amanezco junto al mar en un hotel de nombre pretencioso discordante por su servicio: Serena Beach. Como soy andino de origen y mi conocimiento de la playa es más bien en México, me sorprende estar a 50 metros de las olas y sentir frío, tener que enfundarme un suéter de lana y chamarra. En realidad lo agradezco, como decía Luis Villoro -contado por su hijo Juan (Villoro 2023)-, la humedad y el calor de la playa a mí me aturden, en realidad la paso mal con la arena entre los libros y el bloqueador engrasándome la piel y las manos. Así que estoy cómodo con esta forma de disfrutar del azul marino del horizonte. Paseo por el malecón deteniendo la mirada en el paisaje urbano: anuncios de “no estacionar”, “recuerda tirar tus colillas aquí”, una cruz con la foto de un fallecido, los perros que circulan libremente, y un magnífico quiosco de café árabe en arena que por supuesto me prometo probar.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-1-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81829" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-1-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-1-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-1-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-1-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-1.png 1299w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Hugo José Suárez</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-2-1024x683.png" alt="" class="wp-image-81830" srcset="https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-2-1024x683.png 1024w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-2-300x200.png 300w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-2-768x513.png 768w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-2-980x654.png 980w, https://religiaoemdebate.com.br/wp-content/uploads/2025/11/image-2.png 1299w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Hugo José Suárez</figcaption></figure>



<p>En la Universidad, doy mis dos conferencias, una en la mañana y otra en la tarde. Recibo uno de los regalos más bonitos que podemos tener los académicos: se me acerca Escarlet, una estudiante de unos veinte años, me dice que ha leído mis libros, que me admira, y quería manifestármelo. Me siento alagado. El mío es un oficio de la soledad, nada más hermético que el ambiente de un escritor concentrado-encerrado en su pantalla, a menudo pensando que lo que uno derrama en letras no tendrá ningún receptor. Así que encontrarme con alguien que aprecia mi trabajo me emociona, me devuelve el sentido de todo esto.</p>



<p>(1) Toda mi gratitud a Juan Navarrete y a las autoridades de la Universidad Católica del Norte que facilitaron mi participación en el evento.</p>



<p>El diálogo con estudiantes y con colegas es muy estimulante. Las preguntas me dan la oportunidad de pensar cuestiones que no había reflexionado: la política colonial del conocimiento, para qué sirve realmente la sociología, cómo construir el ojo crítico, cómo quitarse el corsé de las formas dominantes del saber. Hace años aprendí que sólo tenemos buenas ideas si las sometemos a la discusión, y pensamos mejor si lo hacemos colectivamente. Lo refrendo.</p>



<p>Comemos a la orilla del mar, acompañados de osos marinos que vienen a visitar, gaviotas y pelícanos. No lo dudo: pido pescado.</p>



<p><strong>Sábado 4 de octubre</strong></p>



<p>En la mañana tengo una interesante conversación con Fabián Bravo-Vega, joven sociólogo que hace poco se incorporó a la Universidad de la Serena. Me cuenta que hizo su tesis utilizando los conceptos de Kathia Araujo -a quien leí en varios textos- y Danilo Martuccelli -amigo y sociólogo que admiro profundamente. Su tema es especialmente interesante porque también reflexiona sobre la religiosidad popular, pero desde los “desafiliados”; despliega las categorías sociológicas con lucidez y pertinencia, quedo con tarea de leer sus textos.</p>



<p>En la noche empieza la “reflexión-acción”. Alrededor de un buen vino -estamos en Chile, no hay que olvidarlo-, cenamos en casa de Juan. Llegan poco a poco los invitados. Lily Jiménez, investigadora de la Universidad de Chile que acaba de concluir su doctorado en estudios culturales con una tesis sobre las estampitas religiosas. Maureen Neckelmann, socióloga, que emprendió un enorme trabajo sobre las fiestas populares en Chile y tiene varias publicaciones. Gala Fernández, música y dramaturga, que está en varios proyectos de investigación sobre el proceso creativo y la religión. Federico Aguirre, especialista en estudios de la imagen que ha producido nutrida bibliografía sobre el tema. Juan el anfitrión, y yo. No puede llegar a acompañarnos Ibar Astudillo porque arribó muy cansando de Antofagasta, él es teólogo con un enorme trabajo sobre las fiestas en la región. Entre que comemos y bebemos, Juan introduce una pregunta capital: qué esperamos de esta experiencia. Todos decimos nuestras expectativas, libres y anárquicas. Yo expreso que quiero tomar mi cámara, sumergirme en la fiesta, ir como esponja sedienta para absorber lo más que pueda, y desde la imagen y la palabra, tratar de construir posteriormente un relato visual sobre la fiesta. Será una ocasión para ejercitar mi sociología desde la imagen y el vagabundeo.</p>



<p>(1) Toda mi gratitud a Juan Navarrete y a las autoridades de la Universidad Católica del Norte que facilitaron mi participación en el evento.</p>



<p>(continua)</p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Castaneda, Carlos. 2013. <em>Una realidad aparte: nuevas conversaciones con don Juan</em>. Segunda edición (Tezontle). México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.</p>



<p>Duhau, Emilio, y Angela Giglia. 2008. <em>Las reglas del desorden: habitar la metrópoli</em>. Arquitectura y urbanismo. México: Siglo veintiuno ed.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2015a. <em>Creyentes urbanos: sociología de la experiencia religiosa en una colonia popular de la ciudad de México</em>. México D.F.: IIS-UNAM.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2015b. <em>Un sociólogo vagabundo en Nueva York</em>. La Paz: Editorial 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018a. «Agentes para-eclesiales en la religiosidad popular latinoamericana». Pp. 13-19 en <em>Diccionario de religiones en América latina</em>, editado por R. Blancarte. México: Fondo de Cultura Económica.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018b. <em>Hacer sociología sin darse cuenta: una invitación</em>. Primera edición. Colección ensayo. La Paz, Bolivia: Editorial 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018c. <em>La Paz en el torbellino del progreso. Transformaciones urbanas en la era del cambio en Bolivia</em>. Ciudad de México: IIS-UNAM.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2018d. <em>Viajar, mirar, narrar</em>. La Paz: Ed. 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2022a. <em>Diario de La Paz. Apuntes de un retorno</em>. La Paz: Editorial 3600.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2022b. <em>París a diario</em>. México: Universidad Nacional Autónoma de México.</p>



<p>Suárez, Hugo José. 2023. <em>Guadalupanos en París</em>. Ciudad de México: IIS-UNAM.</p>



<p>Villoro, Juan. 2023. <em>La figura del mundo: el orden secreto de las cosas</em>. Primera edición. Ciudad de México: Random House.</p>



<p></p>
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